Colegio de Licenciados y Profesores en

Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

Sección Literaria:  Gloria a los Héroes de 1856

Contacte al Autor: Gustavo Castillo Durán

INTRODUCCIÓN 
EL SUEÑO DE COLUMBIA
Siglo XIX, Estados Unidos de América:
al norte, industrialización y abolicionismo;
al sur, agricultura y pretensión de más tierras.
Ojos de esclavitud se clavaron sobre el Istmo.

En Nicaragua, Walker rozaba la Presidencia.
“Centroamérica para los Estados Unidos
y la Ruta del Tránsito para Norteamérica”,
 –¡Jamás!– dijeron Juanito Mora y el Reino Unido.

Y Walker: –¡América para los americanos…
de Norteamérica! ¡Muchas gracias, Providencia!
¡Filibusteros! ¡A tomar la Ruta del Tránsito!

¡Dice el Destino Manifiesto “esta tierra es nuestra!”
Mas la historia escrita en piedra dirá “no tan rápido”.
“Antes, tenéis que amansar la Costa Rica fiera”.


DE LIBERIA A SANTA ROSA
Nicaragua los vio atracar, izados los paños.
–¡Compatriotas a las armas, es tiempo de hazañas!–
gritó Juanito Mora, hervía sangre en sus entrañas. 
–¡Fuera la Falange Americana! ¡Fuera extraños!

Marzo de mil ochocientos cincuenta y seis años,
don José Joaquín Mora y don José María Cañas
comandaron mil hombres por entre las montañas,
Walker ya tomaba las Salinas de Bolaños.

Dos cañones, seiscientos hombres y cien lanceros
ahá “por lo quebrado e impracticable del camino”
de la Hacienda El Pelón hasta la de Santa Rosa

marcharon a luchar contra los filibusteros
que, esperanzados primero, “no hicieron ni un tiro”
y sufrieron la derrota “cruel y vergonzosa”.


LA RAYA QUE FRENÓ AL DESTINO
Un cuarto de hora de batalla en la Casona haría
del sur la gruesa raya que detuvo al corsario.
Costa Rica, soberana, así fue defendida;
Walker, humillado, aquel fugaz veinte de marzo.

Con su tropa reordenada, abandonó Walker Rivas
en pos del Castillo Viejo, por la Vía de Tránsito.
Glorioso, subió el ejército de Costa Rica
hacia un segundo combate que le corte el paso:

Sardinal, batalla última en nuestro territorio.
Cien hombres de este lado –y trescientos ya del otro–
hijos de Cartago, San José, Alajuela y Grecia,

frustraron el avance hacia el interior del país.
Sardinal, la escaramuza del Sarapiquí,
fue empate desigual y estratégica defensa.

SARDINAL
Donde el río Sardinal se torna en Sarapiquí
y, más al norte, del San Juan desembocadura,
el ejército costarricense en dos columnas
engrosó aún más las tropas que esperaban allí.

Aquel citado estero ese día de diez de abril
vio bajar de Nicaragua a Baldwin y a su injuria;
tras una hora de batalla y empatada la lucha:
–¡Retirada!– les gritó John. ¡Vámonos de aquí!

Cuatro yanquis en tierra, otros más muertos en aguas
y una nave filibustera fueron sus bajas,
mas la Historia escrita en piedra dijo “nadie gana”.

Los nuestros hacia El Muelle, ellos a La Trinidad,
cada quien en silencio, dejaron Sardinal.
¿Qué tanto más les espera al norte del San Juan?


EL PELIGRO Y LA GLORIA
Poco pudo Walker contra la vanguardia soberbia:
caídos, primero, y puestos luego en raya, en empate.
En Guanacaste, la Hacienda, y el Estero, en Heredia,
vieron partir menos rufianes que los que hubo antes.

–¡Compatriotas! La hermana Nicaragua nos espera.
Todos a las armas. ¡A destruir esa Falange!
¡Paz, justicia y libertad a toda Centroamérica!
¡A la lid!– ordenó Mora. –¡Yo marcho adelante!

¡Ved, hijos de Guatemala, El Salvador y Honduras!
¡Nuestra causa es santa! ¡Nuestra victoria es segura!
¡A la lid! ¡A la lid! ¡Dios nos dará la victoria!

¡Hoy quiero compartiros el peligro y la gloria!
¡Qué roja ha puesto Rivas el tinte de su sangre!
¡Qué rojo el fuego del Mesón! ¡Arde el Mesón, arde!


ARDE EL MESÓN
Marchando con Walker a Rivas, desde Granada,
setecientos cincuenta soldados a lo sumo
bajaron a morir frente a las balas y el humo.
Sudó sangre bajo los cielos de Nicaragua.

Empeños de honor casi costaron la batalla
y un ataque simultáneo por todos los puntos
mermó el frenesí de Mora, mas no lo detuvo,
y ardió el grueso Mesón de adobe, madera y caña.

Entre el llanto y el luto, entre el luto y la gloria .
Arde el Mesón, arde, arde el Mesón.
¿Qué sería de esta sangre, de esta sangre sin historia?
Arde el Mesón, arde, arde el Mesón.

Y se escucha tan solo, tan solo un bravo cañón.
Arde el Mesón, arde, arde el Mesón.
Y huye el filibustero, filibustero cobarde.
arde el Mesón, arde, arde el Mesón.

Victoria a Costa Rica, victoria, patria bendita.
Arde el Mesón, arde, arde el Mesón
como muere esta canción.


ENEMIGO EN LAS ENTRAÑAS
¿Cómo entonar himnos de glorias entre cadáveres?
Aquel doce de abril, por Rivas ensangrentada,
la brisa mortecina rodeó calles y plazas.
Victoria o derrota, se ensombrece siempre el aire…

Diarrea, vómito, sed y dolores musculares:
no seguirá Costa Rica a Walker hasta Granada;
le acechaba el cólera, enemigo en las entrañas
cuyas muertes doblaron las bajas en combate.

– Pronto– ordenó Walker. –Llenen los pozos con muertos.
Ya hemos visto en batalla su pecho al descubierto.
¡Veamos si son tan fuertes de entrañas al regreso!

¿Ha caído al pie del Mesón el joven Santamaría?
¿O apestado en Guanacaste? ¿Es que acaso existiría?
De Walker, en cambio, bien se sabrá cómo moriría.


GOOD BYE, MR. WALKER
¡Marcha don Juanito, con sus tropas y pertrechos!
¡Marcha Centroamérica, a por Walker y su ejército!

That’s too bad, Mr. Walker! We’ll win, Mr. Walker! That’s right!
Good bye, Mr. Walker! You’ll lose, Mr. Walker! Indeed! Good bye!

Si a la tres no fue la vencida, a la cuarta menos.
¡Qué grande Nuestro Istmo, que barrió filibusteros!

So sorry, Mr. Walker! We won, Mr. Walker! That’s right!
Good-bye, Mr. Walker! You’ve lost, Mr. Walker! So long! Good bye!

Mayo primero de mil ocho cincuenta y siete
claudicó Walker en contra de los seguidores
que lo apoyaron en las duras y en las maduras.

San Juan del Sur… Fuerte San Carlos… Isla Ometepe…
Castillo Viejo… La Trinidad… Rivas… San Jorge…
Murió Walker fusilado en Trujillo de Honduras.


AMÉRICA LATINA ES AMÉRICA
En septiembre doce, de mil ocho sesenta, creo,
Walker, el corsario, por primera vez humilde
recordó a don Juanito Mora en un “te lo dije”,
y las balas hondureñas lo dieron por muerto. 

¡Adiós, embajador del Destino Manifiesto!
¡Adiós al “Predestinado de los Ojos Grises”!
Good bye, Mr. Walker! ¡Nunca tendrás nuestros países!
I’m sorry, Mister! ¡No fuiste más que su instrumento!

La primera victoria de América Latina
contra el sueño de Columbia nos recuerde siempre
que, tal como Walker, hubo y seguirá habiendo muchos

que miran como un negocio nuestra soberanía.
Este es el legado de nuestros más dignos héroes
contra los filibusteros del siglo XXI.


FILIBUSTEROS DEL SIGLO XXI
Los egos que no ven con más ojos que los suyos.
Los que temen lo diverso y pensar por sí mismos.
Han por patria un espejo y solo un libro por mundo:
narcisos, mercenarios, disfrazados de títulos.

He aquí los filibusteros del siglo XXI.
Las huestes de la inercia cuyo esfuerzo es el mínimo.
Los que adornan las espaldas con chismes e insultos:
ayer buscaban robar tierras y hoy nuestro oxígeno.

He aquí los renovados discípulos de Walker:
los cándidos devotos del mainstream sin mesura
que solo pegan porte y más nada, selfiholics;

los que roen ignorantes la raíz de la cultura
y nos pretenden mansos contra el salvaje Norte;
prefieren contarnos nuestra historia con censura.


MEMORIA CONTINENTAL
Los que han merecido de este pueblo la memoria
sean siempre recordados con poemas y canciones:
don Juan Rafael Mora y su legión entre legiones.
¡Gloria al gran ejército costarricense! ¡Gloria!

Bienaventurados, porque han sembrado la Historia
y frutece esta para nuevas generaciones:
sean siempre emuladas su virtud y sus acciones.
¡Gloria a Costa Rica soberana! ¡Gloria! ¡Gloria!

Bienaventurados sean siempre los héroes patrios,
que tan nuestros son, históricos o legendarios.
¡Ha quedado constituido el ser costarricense!

¡Ha sido elevada la voz centroamericana!
¡Ha sido atada la raíz latinoamericana!
¡Gloria a Costa Rica y muchas gracias a sus héroes!


GLORIA A LOS HÉROES DE 1856
A doña Francisca Carrasco, la soldadera,
que ni al yanqui Walker ni a su peste les temía;
la que empuñaba diestra el fusil, con valentía,
“Defensora de las Libertades Patrias” era.

Al mulatico sencillo, el que sacristán fuera,
el güila de doña Manuela Santamaría,
el que alargó recio la tea y vio cómo ardía
aquel Mesón de Guerra frente al cual se muriera.

Al inflexible Presidente, Juanito Mora,
y a los bravos abuelos que contra el norte fueron:
la eterna memoria del pueblo los condecora

y besa sagrados los suelos en que murieron,
y verlos quisiera: vivos aquí, vivos ahora,
gritándole al opresor: –¡Filibustero, fuera!

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