Colegio de Licenciados y Profesores en

Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

Retos del profesional en Orientación en la modalidad académica nocturna

Contacte al Autor: Fanny Rojas Vargas


Introducción

La globalización, como proceso regido por componentes de carácter predominantemente económico y de mercado, aunado a los componentes tecnológicos, sociopolíticos y culturales, ha producido cambios en las definiciones de identidad, nacionalidad, ciudadanía y comunidad. Por ende, redefine el rol de la educación como espacio privilegiado para la formación de ciudadanos libres, responsables y comprometidos con la transformación de su país, su comunidad, sus entornos inmediatos y el fortalecimiento de su propia identidad, dado el carácter homogeneizador y uniformador de este esquema globalizador, que muestra un futuro poco promisorio para aquellas personas que no han alcanzado la satisfacción de necesidades elementales como alimentación, empleo digno, salud y educación.

 

Este fenómeno resalta los beneficios de la cibernética, las tecnologías de información y las comunicaciones, la automatización, entre otros que agilizan los procesos de producción, pero no se visualizan los esfuerzos para paliar el hambre en las comunidades o que ofrezcan mecanismos para garantizar la convivencia armónica y el sentido de respeto que merecen los grupos humanos, independientemente de la raza, condición social, credo religioso, etnia, género o preferencia sexual.

 

 Así se expresa en el Informe de Políticas de Atención a la Diversidad Cultural (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, [UNESCO], 2005ª):

 

La globalización se nos presenta como una oportunidad de intercambio y enriquecimiento entre naciones y personas, pero también introduce nuevas tensiones en la convivencia social. Advertimos el surgimiento de nuevas formas de intolerancia y agresión. Por un lado experimentamos la fascinante proximidad de múltiples culturas; pero por otro vemos cómo aumentan la xenofobia, el racismo y las discriminaciones, basadas en diferencias de color, sexo o rasgos étnicos. La diversidad cultural, en lugar de ser considerada como patrimonio común de la humanidad y oportunidad de crecimiento, se convierte en amenaza, y es utilizada como excusa para la intolerancia y la discriminación (p.11).

 

A partir de esta realidad, se puede observar que el ser humano requiere ajustarse y buscar las estrategias adecuadas para hacer frente a los cambios sociales, económicos, políticos y culturales para sí mismo y su familia; de ahí que la educación también experimente la necesidad de renovación constante, para dar respuesta a las demandas de las personas y las sociedades. Por lo tanto, cada nación plantea distintas ramas y modalidades para ofrecer oportunidades de acceder a la enseñanza, para anticipar los nuevos retos y desafíos en este campo.

 

Este artículo hace especial referencia a la educación de jóvenes-adultos en la modalidad académica nocturna en Costa Rica, dirigida a la población mayor de quince años que, por razones diferentes, no logra incursionar en las instituciones de educación secundaria diurna y que procede de muchos contextos socioculturales disímiles. La diversidad que presenta esta modalidad en virtud de la edad, las condiciones socioeconómicas y el contexto requiere un abordaje diferente en todos los aspectos que involucra la convivencia, en los espacios de atención a sus necesidades y en la forma de aprender.

 

Sin embargo, pese a las oportunidades que se ofrecen a la población, no está exenta de experimentar limitaciones en su proceso de formación, desde las mismas políticas públicas que ofrecen un currículum que no se ajusta a las verdaderas necesidades. Como apunta Aguado (2011): “Sería preciso dejar de utilizar la “diversidad” como pretexto para la exclusión social. Esto es un reto en la medida en que la diversidad es evidente, pero la igualdad es fruto de un convencimiento moral” (p. 26).

 

En este sentido, la mirada a la interculturalidad se impone como imperativo y un signo de nuestro tiempo, dadas las desigualdades entre los pueblos, las oportunidades de movilidad social y el respeto a lo que representa el otro, como realidades que vislumbran continuidad más que un cambio en esta dinámica global, donde la educación también ha sido permeada por todas exigencias de la globalización. Surge la urgente necesidad de una propuesta que responda a la realidad intercultural, desde las diferentes funciones y tareas que asumen los miembros de la comunidad educativa.

 

Desde esta perspectiva, como parte de esta comunidad educativa, el profesional en Orientación juega un papel de gran importancia, como agente de cambio, en la promoción de espacios donde se propicie la convivencia armónica, incluidas las diferencias que son parte de la identidad de cada miembro de la comunidad educativa y en la búsqueda de la integración de esta diversidad en las acciones, para compartir la riqueza que cada uno aporta a lo interno de la institución y como manifestación de su ser.

 

La educación para jóvenes-adultos en Costa Rica: ¿una esperanza para una población diversa, o una réplica de otras prácticas educativas?

 

La educación de adultos nace en Costa Rica el 29 de abril de 1899 a partir del funcionamiento de escuelas nocturnas para adultos, con planes y programas que implican dos años de duración y que se fundamentan legalmente en lo establecido por la Constitución Política en el Artículo 83 y la Ley Fundamental de Educación. Se garantiza la educación de adultos como medio para combatir al analfabetismo y proporcionar herramientas de cambio y mejora social para aquellos que acceden a esta modalidad. En 1979 mediante decreto se crea la Dirección General de Educación Permanente que funciona bajo la autoridad del Viceministro Técnico de Educación.

 

Los objetivos que persigue la educación de adultos apuntan a que el joven adulto pueda interpretar y comprender su propia realidad y lo que le circunda; mejorar la capacidad profesional y adquirir conocimientos útiles para su labor; y por último, el mejoramiento del nivel de vida de convivencia familiar, y demás instancias de la vida de relación. A partir de tales planteamientos, se puede decir que la educación de adultos es una oportunidad para la realización de las metas tanto personales como sociales de quienes acceden a esta modalidad, tomando en cuenta la realidad que envuelve a esta porción importante y cada vez más creciente de la población.

 

Para el año 2011 se contaba, según datos del Atlas del Estado de la Educación, con 79 colegios nocturnos de los cuales 77 eran públicos; y a pesar de un breve periodo de estancamiento, en el año 2011 la oferta aumentó considerablemente (23%) al incorporar la modalidad en las secciones técnicas nocturnas. Sin embargo, esta fuente plantea que sigue siendo una de las modalidades con mayor exclusión y rezago en la aprobación del bachillerato (pero es importante considerar que los datos apuntados no contemplan aquellos estudiantes que, si bien dejan las aulas de los colegios nocturnos, continúan sus estudios en educación abierta o en la modalidad a distancia, dadas las condiciones laborales y sociodemográficas que, en la mayor parte de las ocasiones, les impiden mantenerse en las instituciones de educación formal nocturna).

 

Por su parte, la Revisión Nacional de Educación para Todos (EPT) correspondiente al 2015, recoge algunos datos reveladores que invitan a reflexionar. Por ejemplo, que el desempleo afecta de manera creciente a las mujeres, a los pobres y a los jóvenes; un 19.3% en jóvenes entre los 12 y 24 años no estudia ni trabaja; y un 60% de la población ocupada y de los que buscan trabajo por primera vez no cuentan con niveles adecuados de estudio (secundaria incompleta). Estos datos llaman la atención si se piensa que Costa Rica contaba con una imagen muy positiva en materia ambiental, pero en el campo del desarrollo humano la historia ha cambiado de manera significativa, influida en especial por la inestabilidad política que se concentra en la contienda, con muchas propuestas pero sin ejercer un liderazgo para generar políticas adecuadas en materia de educación, por ejemplo, a partir de las verdaderas necesidades de la población e incentivando el compromiso de la misma en la generación de soluciones a las circunstancias que presenta la realidad socioeconómica del país (p. 11).

 

Es obvio que esta falta de liderazgo a nivel macro impacte las decisiones trascendentales en todos los campos del progreso del país y, de manera particular, en el tema educativo. Dentro de las líneas estratégicas propuestas por el Ministerio de Educación Pública (2014) para llevar a cabo la gestión en materia educativa en el periodo 2010-2014, se rescata, en relación a la modalidad académica nocturna dirigida a jóvenes-adultos, el desarrollo de una educación que fortalece la capacidad productiva y emprendedora de esta población; logra aprendizajes significativos y bien incorporados, y por último, logra una evaluación no como autopsia, sino como promotora de cambio (p. 5).

 

En relación a los planes y objetivos establecidos en el Programa Educación para Todos (EPT) dirigido a la educación de jóvenes-adultos, para el 2015, se establece que el objetivo es incorporar al proceso educativo a la población de jóvenes y adultos que no ha concluido con su educación formal, a través de estrategias tendientes a elevar sus habilidades para insertarse al mercado laboral.

 

Sin embargo, aún hay retos pendientes, según la Revisión de Educación para Todos (2015), para ofrecer una educación acorde a sus necesidades y de manera particular respetando la diversidad y el contexto en donde se lleva a cabo el acto educativo (p. 27).  Lo anterior lleva a suponer que se han tratado de abordar las diferencias en relación con otras poblaciones que transitan por la educación académica diurna, pero la realidad es que se utilizan los mismos mecanismos evaluativos, las mismas metodologías y discursos que no contemplan la diversidad ni los aprendizajes ya obtenidos por los estudiantes que buscan en la educación de adultos respuestas a sus necesidades de educación formal para mejorar su nivel de conocimientos e insertarse en el campo laboral.

 

Si bien la propuesta de la educación para jóvenes-adultos respeta la igualdad de oportunidades para acceder a esta oferta, sin discriminar en función del género, raza, etnia, religión o preferencia sexual, no es del todo cierto que se valore una opción de educación de calidad, basada en el respeto a las diferencias que presentan estos estudiantes en su contexto y desde sus experiencias de vida. Como aclara Samarrona (2000): “La educación de adultos, como es lógico, deberá adaptarse a las características de las personas adultas… sin duda, los adultos tienen perfiles específicos que justifican un atención diferenciada” (p. 121).

 

De ahí que en la educación de adultos no se hable de “pedagogía” sino de andragogía, partiendo de la necesidad de adaptación de tales características. No obstante, las prácticas educativas no contemplan esas diferencias ni los aprendizajes ya vividos por estos adultos (Samarrona 2000: p. 121). Por ejemplo, no es lo mismo la enseñanza de un segundo idioma a un estudiante que ha tenido una educación ininterrumpida a los largo de su escolaridad que enseñar esa asignatura a un adulto que dejó la escuela hace 25 años y en sus institución ni siquiera se impartía, o pedirle a un estudiante extranjero que realice una práctica de ubicación geográfica de los ríos de Costa Rica en un mapa si no conoce la geografía nacional.

 

Las características del docente en esta modalidad no deben abordar sus capacidades sino responder de manera creativa y consciente a las urgencias de esta población. Más aún, en la educación para jóvenes-adultos se deben enfrentar muchas otras eventualidades relacionadas con el trabajo que impide cumplir con la jornada establecida, el cansancio, la frustración por las notas obtenidas, el estigma social, las constantes críticas por el bajo rendimiento y promoción en las pruebas nacionales. Estas últimas son uno de los más evidentes obstáculos que impiden la consecución de las metas, pues las pruebas se convierten en un peso insostenible por las desventajas que enfrentan en relación al tiempo para la preparación.

 

Por lo tanto, la desigualdad en las oportunidades de movilidad social queda claramente evidenciada en estas prácticas educativas que en el discurso plantean equidad y respeto por la diversidad pero en la realidad no se acentúan las diferencias, sino que se homogenizan los procesos como si tratase de una extensión de la modalidad académica diurna, con lo que se atenta contra los derechos de esta población de una educación de calidad y que responda a las necesidades particulares, pero donde se aprenda bien.

 

Al respecto, Quintanilla (1996) expresa que “…los grupos sociales, raciales y étnicos marginalizados advierten que la sociedad en la que viven, por encima de las promesas de igualdad, instaura una división que les resulta lesiva. Y la cultura escolar comienza a ser denunciada como cultura hecha a la medida de esa división social estigmatizadora” (p. 3).

 

Por eso la educación nocturna no puede ser concebida como una práctica de educación compensatoria y desigual, donde se superpongan la cultura y la hegemonía política mayoritarias por encima de las necesidades de la población tan diversa que accede a esta modalidad, toda vez que no hay coherencia entre lo que se ofrece y el producto final que se obtiene.

 

Educación intercultural y la educación para jóvenes-adultos

“La educación intercultural aspira a acostumbrar al ciudadano a pasar de sus zapatos a los zapatos del otro, a mirar con una óptica diferente, a provocar isomorfismos cognitivos y emotivos para comprender cómo piensan y sienten los otros, regresando después a sus zapatos, más concienciados de la realidad de sus propias raíces culturales". Calasso

 

Ciertamente la cita de Calasso pone de manifiesto la gran tarea en la construcción de una validación real de las otras personas desde lo que son y lo que hacen, su pasado su presente, sus sueños y luchas; sin embargo, esta reflexión parece quedarse anclada en la esfera muy personal, donde la persona hace el ejercicio de mirar al otro, entenderlo y aplicar la asertividad y la tolerancia como valores implícitos en la educación intercultural.

 

Por ello, Aguado (2009) menciona que la diversidad está más focalizada en el reconocimiento del otro y de las otras formas de ver el mundo, de manera que la educación debería retomar estos elementos para establecer las prácticas adecuadas que permitan el desarrollo pleno del otro.

 

Por otra parte, la educación tiene la función de incorporar de manera activa a los individuos a la comunidad, y estos se integran al sistema social a través de la institución educativa como instrumento eficaz al servicio de la igualdad social, pero respetando las diferencias. Como propone Morales (2015), citando a Escarbajal:

 

La propuesta intercultural parte de que la diversidad cultural supone la valoración específica de cada cultura y el respeto al ritmo de cada individuo que pertenece a ella; asimismo plantea que es la educación la que debe acomodarse a los distintos ritmos de aprendizaje cultural y no a la inversa, resultando relevante en este punto para la interculturalidad el diálogo en y para la convivencia (p. 8).

 

Es por ello que la institución educativa, en su papel de agente socializador, no puede atentar contra las diferencias de la población que atiende y limitarse a ofrecer propuestas educativas insensibles a la realidad contextual y que no valoren el aporte significativo que cada individuo y cultura representada brindan a la riqueza de la institución. De ahí que, como diría Sáez (2006): “Es necesario educarnos y educar a los ciudadanos en una visión positiva de la diversidad cultural. Podemos defender que la recíproca diversidad no es un obstáculo para la vida en común, sino más bien es una fuente de enriquecimiento mutuo” (p. 863).

 

No se trata, por tanto, de obviar que la sociedad y en ella la educación está permeada por el multiculturalismo como consustancial a la humanidad; pero no por esto las culturas representadas en la sociedad y la institución educativa deben ser asumidas como iguales ni que las estrategias para enseñar sean homogéneas para todos. Como lo indica Sáez (2006), citando la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 26.2, la educación tiene por objetivo el desarrollo pleno de la personalidad humana, afirmando su identidad, dignidad y valor desde su cultura y la influencia que recibe de otras.

 

La riqueza de la diversidad cultural invoca la necesidad de una educación intercultural que aprecie el desarrollo de cada individuo desde su propia identidad, pero enriquecida con los aportes de cada compañero en el aula, en el pasillo, en las actividades generadas en la institución, no vistos como una amenaza por sus diferencias, sino precisamente en la riqueza que impregnan.

 

Malgesini y Giménez, citados por Osuna (2012), explican que la interculturalidad hace sus primeras manifestaciones en el seno del campo educativo, en sus propuesta de acción. Asimismo, Osuna (2012) aludiendo al Art. 5 de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural recuerda que “…toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respeten plenamente su identidad cultural; toda persona debe tener la posibilidad de participar en la vida cultural que elija y conformarse a las prácticas de su propia cultura dentro de los límites que impone el respeto a los derechos humanos y de las libertades fundamentales” (p. 45).

 

Los Colegios Nocturnos constatan esta realidad de matricularse con la buena disposición de formarse integralmente para el sano ejercicio de sus derechos y en el afán de mejorar la convivencia social. Sin embargo, las prácticas cotidianas ofrecen una resistencia a esta propuesta diferente a lo establecido en los derechos que plantean los documentos mencionados, y solo se limitan a la formación de  grupos heterogéneos en edad, género, contexto sociocultural, pero no dan el paso a crear espacios de diálogo recíproco y reflexión entre los estudiantes o entre docentes y alumnos para analizar y reflexionar sobre las trasformaciones sociales tan evidentes y que afectan a todos así como la necesaria comprensión y aceptación de las diferencias de manera sana y espontánea. La agenda educativa versa solo en la atención de los contenidos y no en las interacciones.

 

Por otra parte, cuando se habilitan esos espacios no todos los docentes están convencidos de las implicaciones positivas de las interacciones y los aportes de los estudiantes, por lo que prácticamente se imponen desde la hegemonía de la cultura dominante las pautas a seguir en el aula y las actividades extracurriculares. De esta manera, la trasmisión de los saberes solo se queda anclado a la repetición de conceptos y reproducción de contenidos en gran medida poco significativos para la población que desea surgir y mejorar su calidad de vida.

 

Es así que las autoridades en el ramo no evalúan el impacto que dichas prácticas están ocasionando en el sistema, y no por casualidad las estadísticas apuntan a dos realidades que son recurrentes en esta modalidad, como son las altas tasas de deserción cada año y la baja promoción en las pruebas nacionales de bachillerato, aunadas a la reticencia de la población a interesarse en campos como la política estudiantil o la promoción de campañas de mejoramiento institucional y comunal.

 

Por ello surge la siguiente interrogante: Si estas instituciones se crearon para ofrecer oportunidades a la población con rezago escolar para que pueda alcanzar el desarrollo pleno de sus capacidades, como rezan los documentos analizados, ¿por qué las autoridades del ramo aún no realizan una profunda evaluación en todo el accionar de esta modalidad e implementan las trasformaciones necesarias para cumplir con las políticas de equidad en las oportunidades en una población cada vez más creciente y con mayores desventajas sociales, económicas y de preparación para competir en una economía globalizada que exige una preparación más acorde a sus capacidades y a su etapa de desarrollo?

 

 Puede ser que este aspecto no sea de gran interés para quienes elaboran las propuestas educativas, puesto que las mismas apuntan a otros intereses desde la política y la economía de la nación, pero el ideal de alcanzar un mejor nivel de vida para los actores de la educación nocturna siga siendo eso: un ideal. Por ello cita muy acertadamente Sáez (2006) a Abdallah-Pretceille (2001):

 

La educación intercultural está aún rodeada por un halo semántico determinado por las incertidumbres, las dudas, las resistencias y las dificultades que supone imaginar una educación en el marco de una sociedad marcada por la pluralidad, pero también anclada en una fuerte tradición educativa fundamentalmente homogeneizadora (p. 868).

 

En este sentido, vale la pena apostar por una educación intercultural en la modalidad académica nocturna que no se conforme solo con aumentar las cifras de cobertura para combatir el analfabetismo, sino que se atreva a romper el paradigma de las tradicionales lecciones magistrales, de tipo asimilacionista y que pueda introducir prácticas más integradoras desde la equidad, pero respetando las diferencias en las aulas, donde conviven jóvenes con adultos, madres y padres con jóvenes solteros, con el transexual, el que viene de la zona rural, el que vive en el precario y el que trabaja en la tienda, el que sabe mucho de matemática y el que nunca ha utilizado una computadora.

 

Jiménez (2003) plantea algunos propósitos importantes para alcanzar la educación intercultural desde la perspectiva de una institución que la fomente en estos términos:

Cultivar actitudes positivas, incentivando el respeto y la tolerancia a las formas diferentes de mirar la existencia humana así como la valoración de los aportes y elementos que otros brindan.
El cuidado y mejora del autoconcepto tanto personal, como cultural y académico de los alumnos, en especial los que proceden de otros países, en una acogida y aceptación de su ser como persona portadora de otra cultura, con el afán de evitar toda discriminación y marginación al incorporar en las actividades institucionales elementos de las manifestaciones foráneas.
Potenciar y fomentar la convivencia y la cooperación, introduciendo aprendizajes significativos a través de estrategias cooperativas para estimular la participación amistosa y cercana tanto en el trabajo como en la resolución de conflictos.
Fomentar la igualdad de oportunidades de acceso al currículo y su desarrollo, a partir de estrategias que respondan a las necesidades e intereses de los estudiantes; asimismo realizando los ajustes en materia de adaptaciones y evaluación acorde con las diferencias y resaltando las expectativas y competencias de los mismos.
Estímulo de la participación y el compromiso de toda la comunidad educativa en la acogida y desarrollo de una propuesta de educación más integradora, incluso involucrando a las familias de los estudiantes, en un clima de convivencia armónica y sana. Con ello se promociona la imagen institucional que valida los derechos de las personas en el compromiso de luchar contra toda forma de discriminación y estereotipo (pp. 120-121).

Tal como se planteó en el propósito de este artículo, es de suma importancia  reconocer los retos del profesional en Orientación en su rol de facilitador de los espacios de cambio y desarrollo personal e institucional dentro de la modalidad académica nocturna para jóvenes adultos, ante la urgencia de implementar una educación intercultural, tomando en consideración las reflexiones anteriores.

 

El profesional en Orientación en la modalidad académica nocturna: gestionando cambios en las interacciones desde una perspectiva intercultural

 

De manera paralela, la Orientación como disciplina de las ciencias sociales tiene una estrecha relación con la educación por la riqueza de enfoques, funciones, principios, áreas o dimensiones que le son propias.

 

De acuerdo con Pereira (2012) citada por Ureña (2015), los objetivos generales de la Orientación en el Sistema Educativo costarricense, para cumplir con la doble función de coadyuvar en conjunto con las asignaturas en el desarrollo integral del estudiantado y desarrollar sus propios procesos, son:

 

· Fortalecer los factores relacionados con el éxito escolar de la población estudiantil.

· Promover la construcción del proyecto de vida de los niños y las niñas, jóvenes y adultos, que les permita insertarse en el mundo laboral y ocupacional del país.

· Promover el fortalecimiento de las habilidades para la vida con la finalidad de que la población estudiantil enfrente las situaciones de la vida diaria en forma exitosa.

 

Como se observa, los objetivos de la Orientación en el Ministerio de Educación Pública tienen que ver con la vida académica, la construcción del proyecto de vida y el desarrollo de habilidades para la vida de la población estudiantil, lo que necesariamente conlleva al trabajo directo con esta población, el grupo docente, las madres, padres y personas encargadas, con el objetivo de tener mayores logros.

 

El conocimiento de sí mismo y del mundo que rodea al individuo constituye un elemento esencial en la conceptualización de Rodríguez (1991), citado por Molina (2003), quien señala:

 

Orientar es, fundamentalmente, guiar, conducir, indicar de manera procesual para ayudar a las personas a conocerse a sí mismas y al mundo que las rodea; es auxiliar a un individuo a clarificar la esencia de su vida, a comprender que él es una unidad con significado capaz de y con derecho a usar su libertad, de su dignidad personal dentro de un clima de igualdad de oportunidades y actuando en calidad de ciudadano responsable tanto en su actividad laboral como en su tiempo libre (p. 4).

 

Para Bisquerra (1998), citado por Molina (2003), la orientación es “un proceso de ayuda continua a todas las personas, en todos sus aspectos, con el objeto de potenciar el desarrollo humano a lo largo de toda la vida” (p. 4). Las diversas concepciones presentadas con visión parcializada acerca de la orientación han sido superadas por un enfoque más amplio, integral, y holístico que incide en una orientación que tome en consideración los distintos contextos educativos, que atienda al sujeto como un todo integrado, tomando en cuenta los componentes que le dan sustento, a saber, la orientación vocacional, la orientación educativa y la orientación personal social. Pero sobre todo, que asuma funciones de prevención y desarrollo del ser humano.

 

Desde el punto de vista científico, Repetto et al. (1994), citado por Molina (2003), expresa:

La orientación es la ciencia de la acción que estudia desde la perspectiva educativa y por tanto diagnóstica, preventiva, evolutiva y ecológica, la fundamentación científica del diseño, la aplicación y la evaluación de los intercambios dirigidos al desarrollo y al cambio optimizado del cliente y de su contexto (p. 7).

 

En este sentido, se habla de una orientación centrada en el acto educativo, con carácter de diagnóstico, de prevención y ecológico, cuyo fin va dirigido al desarrollo del sujeto y en función de las características socioculturales y demográficas.

 

La orientación como proceso integrado al acto educativo, según Martínez de Codes (1998), citado por Molina (2003), está íntimamente relacionada al desarrollo integral del alumno, cuya meta está centrada en lograr que este alcance una mejor comprensión de su carácter, consciente de sus valores morales y desarrollar su dimensión enfocada a la satisfacción de su proyecto personal y social.

 

También Molina (2003), en relación con la Orientación Educativa, considera:

 

…un proceso interdisciplinario y transdisciplinario sustentado en los principios de intervención preventiva, desarrollo y atención a la diversidad del alumno, cuyos agentes educativos (orientadores, padres, docentes-tutores, familia y comunidad) asumen la función de facilitar y promover su desarrollo integral para que se constituyan en seres transformadores de sí mismos y de su entorno (p. 10).

 

Desde la perspectiva de la educación intercultural, en medio de los distintos cambios que vive la sociedad actual, en términos de diversidad cultural y étnica, los modelos familiares actuales, el descontento de la población con la política, la irremediable brecha social, los problemas de empleo, entre otros, la labor del profesional en Orientación en general y de manera particular en la modalidad nocturna, ha de levantar la bandera para abogar por una educación que tienda al respeto de las diferencias, pero que a su vez fortalezca la convivencia entre los miembros de la comunidad educativa para alcanzar los fines y políticas de la educación.

 

Como bien plantea Vargas (2014),

Conocer más el contexto obliga a contemplar el multiculturalismo, a comprender la diversidad, los principios del enfoque ecológico y así poder ampliar nuestra visión de mundo, de manera que se pueda dar cobertura a cada realidad psicosocial y afectiva, pretendiendo orientar mejor, al tomar en cuenta esa diversidad y el sentido de vida de la comunidad en que se realiza el quehacer (p. 271).

 

El profesional en Orientación requiere asumir una postura más enérgica en la modalidad nocturna, dado que los espacios de intervención con los grupos son limitados, por la naturaleza de la modalidad; pero eso no ha de soslayar su intención y su compromiso por generar estrategias y actividades coherentes, significativas y donde se plasmen los conceptos antes referidos en torno a la disciplina y todos los fundamentos que le dan sustento desde las diferentes disciplinas. Por eso, Garita (2014) manifiesta que:

 

La realidad multicultural de los contextos en que se ejerce la orientación exige incorporar, en el cuerpo de conocimientos que la sustentan, modelos integradores que permitan comprenderla para brindar una atención oportuna y pertinente a las poblaciones a quienes dirige su accionar, considerando la diversidad existente (p. 285).

 

Por lo tanto, para atender esas propuestas educativas, el profesional en Orientación debe desarrollar habilidades y destrezas comunicativas y dialógicas, un espíritu de apertura al cambio y la diversidad, una constante revisión de sus propios valores y concepciones en torno a la diversidad y la tolerancia de las diferencias.

 

De igual manera, acceder al aprovechamiento de los espacios de capacitación en temas alusivos a las poblaciones diversas que se atiende, con el compromiso de generar cambios en la articulación de las políticas internas institucionales y las actividades de convivencia, donde se evidencie una actitud de relación y aprendizaje mutuo con las diversas culturas representadas y con capacidad de negociación y afrontamiento, en especial para la resolución adecuada y armónica de conflictos, en virtud de las diferencias entre los grupos. Este profesional no solo debe ofrecer sus aportes, sino enriquecer su trabajo con los recibidos tanto de parte de los estudiantes como aquellos emanados de la interacción con todos los demás miembros de la comunidad educativa, para coadyuvar en la trasformación de las actitudes contrarias al respeto y la aceptación de las demás personas.

 

 Por otra parte, si bien la modalidad nocturna no cuenta con los espacios definidos para la atención de los grupos, la creatividad y capacidad de organización a partir del compromiso, el convencimiento, el liderazgo y el posicionamiento del profesional en Orientación harán posible la gestión de los espacios para trabajar no con las poblaciones minoritarias, sino en integración con los grupos mayoritarios para hacer más efectivo el trabajo desde la visión intercultural. Además de hacer lectura de los acontecimientos que emergen en las interacciones grupales e institucionales, desde una mirada respetuosa y sensible con la realidad de cada ser humano.

 

Por último, el desarrollo de competencias interculturales para dar respuesta a las realidades en constante cambio se convertirá en una herramienta valiosa para el trabajo que emprende cada día en bien de toda la comunidad educativa con la que se hace posible la labor orientadora. 

 

Consideraciones finales

En el transitar de esta reflexión surgen algunas preguntas que quedan pendientes de responder en torno a los retos que el profesional de Orientación debe asumir en la modalidad nocturna al trabajar con jóvenes-adultos con el fin de favorecer desde su disciplina en las diferentes tareas y como agente de cambio institucional frente a una propuesta que tiende a la homogeneización y, por ende, corre el riesgo de ser discriminatoria y prejuiciosa.

 

¿Ha tomado conciencia el profesional de Orientación de las implicaciones de la globalización en todas las esferas de la vida personal social y laboral?

 

¿Tiene claridad en la conceptualización de la multiculturalidad, pluriculturalidad e interculturalidad para implementar acciones coherentes con la educación intercultural, como propuesta para el respeto a lo diverso, en especial en la modalidad académica nocturna?

 

¿Qué aportes pueden brindar desde la formación académica, la sensibilidad humana, las características personales y el compromiso social en la edificación de estrategias para el mejoramiento de las interacciones entre los miembros de la comunidad educativa, partiendo de la diversidad cultural presente en la institución educativa nocturna?

Referencias

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