Colegio de Licenciados y Profesores en

Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

La inclusión: una forma de vida

Contacte al Autor: Ana Lorena Ulate Rodríguez

El día jueves 4 de abril de 2013 las instituciones educativas adscritas a la Red Inclusiva de Heredia fuimos convocadas a la firma de la carta de intenciones por parte de las representaciones de la Universidad Nacional (UNA), la Dirección Regional de Educación de Heredia (DREH-MEP), el Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Arte (Colypro), el Centro Nacional de Recursos para la Educación Inclusiva (Cenarec) y el Consejo Nacional de Rehabilitación y Educación Especial (CNREE), con el objetivo de continuar acompañando a los centros educativos de la Red en el desarrollo de su gestión y prácticas de educación inclusiva.

La convocatoria a esta firma me invita a reflexionar sobre lo que ha significado, personal e institucionalmente, formar parte de este proyecto y haber asumido “la identidad inclusiva” para nuestra Escuela.

Con el pasar de los años nos beneficiamos con experiencias en diferentes contextos, donde siempre encontramos situaciones nuevas que nos sorprenden, nos abren el horizonte, nos hacen aprender y reconocer que en este mundo global todo es posible.

Entrar en contacto ahora con la “educación inclusiva” no me resulta ajeno, y sé que esta trasciende el ámbito de las discapacidades o la educación especial.
Como Ángela Moriña, creo que “la educación inclusiva es una forma de vivir y de posicionarse ante la realidad” (Moriña citada por Blanco, 2010). Por eso, asumir realmente la inclusividad y comprender la diversidad humana se convierten en retos personales. Pasa por un proceso auto rreflexivo acerca del propio ser, así como de las creencias sobre los otros hombres y las otras mujeres.

La inclusión, por tanto, está centrada en las personas, en sus vidas. Podemos cuestionarnos entonces ¿qué somos las personas? Quizás resulte simplista y materialista, pero las personas “somos cuerpos”. Es este cuerpo físico
el que me da la certeza de existir: cuando pienso, cuando me comunico, cuando siento, cuando amo, cuando actúo... es el que “a primera vista” muestra la diversidad humana, pero al mismo tiempo se expone a la discriminación y a la exclusión.

Siguiendo el criterio de Judith Butler, quien ha profundizado en los estudios sobre diversidad de género, este cuerpo, desde su nacimiento, “es y no es mío” (Butler, 2004), dado que desde su aparición en este mundo empieza a ser moldeado por las otras personas, bajo el escrutinio de las reglas y los determinismos sociales: que si es niña o niño, que si es hijo o hija de..., que si es blanquito o morenito, que se parece a tal o cual persona...

Hegel decía (Butler, 2004), y lo experimentamos, que en toda persona existe el impulso, el deseo de ser reconocida por sus semejantes; sin embargo, esa mirada externa pone los requisitos, es la que define quiénes somos y cuán humanos somos.

Como expresa Butler, si mi género no coincide con ninguno de los dos géneros socialmente aceptados, entonces ¿quién soy? Este cuestionamiento es extensivo a toda la gama de la diversidad humana, pues en la cultura hegemónica los parámetros de lo “normal” los define una imagen privilegiada: la del hombre, blanco, heterosexual, de clase alta, cristiano, adulto, saludable y exitoso. Lo que creamos ser tendrá entonces ese referente oculto tras las normas sociales, pero ¿quién o quiénes reúnen los requisitos para decidir quién es más o menos humano?

Al definirnos de esta manera le damos más fuerza a los estereotipos, a las etiquetas sociales, a los prejuicios que conducen a la incomprensión humana, a la discriminación, a la violencia y hasta a la muerte. Como consecuencia de esto han muerto miles de mujeres en la hoguera al ser catalogadas como brujas, miles de aborígenes en América, miles de negros en Estados Unidos de América, millones de judíos en el holocausto...

Ser zurdo o zurda, tener algún grado de discapacidad (padecer sordera, ceguera o parálisis...) Ser negro, indígena, inmigrante, practicar otro credo o no practicar ninguno... Ser homosexual, lesbiana, transexual, transgénero o intersexual, ha significado y significa todavía, en distintos lugares y contextos, una razón para dudar de la condición humana de quienes son diferentes a la norma aceptada, y negarles sus derechos.

Al asumir la “Educación Inclusiva” nuestro reto es complejo y profundo. Implica hacer una auto rreflexión: ¿Quién tiene la potestad de definir quién soy? ¿Por qué me incomoda la condición de ciertas personas? Pero además ¿quién soy yo para definir quién es de determinada manera, y quién no lo es? ¿Por qué los grupos “minoritarios” han tenido que someterse a las reglas de quienes se suponen o suponemos normales? La realidad es que no se trata de “minorías” que no encajan en la sociedad, es un asunto de diversidad, porque en este planeta, en esta vida, “lo común es ser diferente”.

Ese reto lo hemos asumido en la Escuela Braulio Morales Cervantes y creo que desde el “modelo de identidad inclusiva” hemos iniciado un proceso de crecimiento y cuestionamiento interno, personal e institucional. Al leer análisis como los de Gerardo Echeita, Arnaiz, y otras personas especialistas en este tema, pensaba que en nuestra Escuela el proceso de la “inclusión” empezó a rodar hace tiempo. No todo ha sido exitoso, ni hemos logrado el máximo, pero lo importante ha sido que nos “atrevimos” a hacerlo: cuestionando, visibilizando, nombrando, dando participación...

Nuestros servicios de Educación Especial han tenido reconocimiento por la calidad de atención a las niñas y niños con necesidades educativas especiales. Los Comités de Apoyo, hasta la fecha, han hecho un enorme esfuerzo por sensibilizar y preparar al personal docente en el campo de las adecuaciones curriculares, procurando siempre la mejor aplicación.
Cuánta satisfacción sentimos al recibir o ver pasar frente a nuestra Escuela a jóvenes que asistieron a nuestros Servicios de Apoyo y llevan ahora la camiseta de bachillerato de su colegio. Así como cuando vemos a nuestras niñas y niños “especiales” formar parte de los grupos regulares, jugueteando y compartiendo con sus compañeras y compañeros.

En cuanto a la igualdad de género, nos hemos cuestionado sobre los estereotipos masculinos y femeninos, tanto con el personal institucional, como con los niños y las niñas, promoviendo, en este caso, la participación igualitaria. Por ejemplo: mayor parti-cipación de los varones en las presentaciones de bailes; destacar y representar la participación de las mujeres en acontecimientos históricos importantes (como en la Campaña de 1856); debatir sobre el uso del “color rosado” o el “celeste”; decorar las pizarras “con visión de género”. Incentivamos el uso del lenguaje género-inclusivo, tanto en la expresión escrita como en la oral. Tenemos pendiente para este año ahondar en el tema de la diversidad sexual.

Desde la interculturalidad y las diferencias socioeconómicas, nuestra población siempre ha sido diversa. Hemos logrado evidenciar y valorar la procedencia étnico-cultural de las familias; al menos una cuarta parte de la población actual tiene origen nicaragüense.
Discutimos sobre las celebraciones religiosas exclusivamente católicas dentro de nuestra Escuela, y al respecto hemos evidenciado que hay estudiantes y docentes que no son practicantes del catolicismo y que sin embargo han tenido que subordinarse a disposiciones amparadas en la apelación al “culto de la mayoría”.

Como preparación para la Semana Santa, por ejemplo, organizamos una actividad de reflexión espiritual, más diversa e inclusiva, por medio de cantos, danzas y un Vía Crucis narrado y dramatizado por un grupo de estudiantes y su maestra.

Reflexionar sobre temas que tocan lo más profundo de nuestro ser ha provocado, sin duda, distintas reacciones en la comunidad educativa. Sabemos que estamos apenas en el inicio de un proceso largo y difícil, ya que en el camino aparecen cuestionamientos nuevos. Pero lo importante es que lo estamos haciendo.

La realidad que tenemos es la que tenemos, y sobre esa debemos actuar. La educación de calidad está allí donde practicamos la inclusión, donde reconocemos al niño, a la niña, a la joven y al joven tal como es; donde se realizan
acciones que, aunque parezcan pequeñas e insignificantes, están construyendo una humanidad más comprensiva, más armoniosa y menos violenta.

La inspiración y la fuerza personal e institucional de quienes integramos la Escuela Braulio Morales Cervantes está reunida en la célebre frase de Rosa Luxemburgo, que también es nuestro lema: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

Blanco, R. (2010) V Jornadas de Cooperación Educativa con Iberoamérica sobre Educación Especial e Inclusión Educativa. Recuperado de: http://unesdoc. unesco.org/images/0018/001889/188907s.pdf

Butler, J. (2004) Deshacer el género. Barcelona: Paidós.

comments powered by Disqus