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La familia como promotora del desarrollo integral de los niños menores de seis años

Contacte al Autor: Paola Jiménez Morales

El desarrollo del niño y la niña desde una perspectiva científica

Los estudios científicos acerca del desarrollo de la niñez son relativamente recientes, dado que la motivación entre expertos sobre el tema era mínima. A lo largo de los años se ha visto al niño como un adulto en miniatura; con eso da respuesta a la tesis que explica, que “es más fácil estudiar a los adultos, y que por medio de ellos se podía llegar a los niños” (Hurlock, 1990). Por otro lado se creía que todo lo referente al desarrollo de los infantes era obligación de la escuela y el hogar.

A pesar de que lo anterior era relevante en las comunidades científicas, el estudio del desarrollo infantil no estaba del todo abandonado. Algunos científicos, verdaderamente interesados en mejorar los medios de formación de los menores, se vieron comprometidos en el análisis y la investigación de dichos procesos.

Newman y Newman (1991) afirman que “fue en el siglo pasado que la psicología emergió como una disciplina científica, apareciendo así, cierto número de teorías que explicaban la conducta y las actividades mentales, las cuales sirvieron como punto de partida para guiar la investigación, el trato y el sistema educativo al que se sometía a los infantes”.

Ninguna de las teorías existentes explica cabalmente la interrelación de la inteligencia de las emociones, del desarrollo y de la cultura, en la conducta de los infantes. “Lo que hacen las teorías es dirigir nuestra atención a los múltiples niveles de significados que coexisten en la conducta humana” (Newman y Newman 1991, p. 30).

El reformador eslavo de la educación del siglo XVII, John Amos Comenius, fue uno de las primeros expertos en estudiar las características de los infantes, según él “a los niños no se les debe estudiar como adultos en embrión, sino en su naturaleza infantil, para entender sus capacidades y saber cómo tratarlos” (Hurlock, 1990, p.2).

Apoyados en las ideas de Comenius, los científicos empiezan a sensibilizarse por el estudio de las potencialidades en la primera infancia, estudios filosóficos e investigaciones diarias, dieron origen a las propuestas psicológicas del desarrollo humano. Aparece la “psicología del desarrollo, que no se limita a considerar únicamente los factores psicológicos del desarrollo humano, sino que incorpora también en su análisis elementos de otras áreas de estudio, tales como la genética, la filosofía, o la sociología” (León, 1998, p.19).

Por otro lado, hacen su aparición diversos pensadores, entre los que podemos destacar a Locke, Rousseau, Pestalozzi, Herbart y Froebel, “surgiendo así las primeras propuestas y reformas educativas, basadas en la información que podían ofrecer las capacidades de los niños y las niñas” (Hurlock, 1990).

Los estudios de dichos pensadores fueron alimentados por la cotidianidad y la realidad que sustentaban la vida de los primeros años de sus hijos; siendo así el caso de Pestalozzi, “el cuál realizó un estudio exhaustivo de sus hijos, basado en un enfoque naturalista” (León, 1998).

“Los expertos coincidían en enfatizar el rol de la familia en la educación del niño, así como la importancia de la educación en los primeros años de vida” (León, 1998). Surge, de esta manera, el análisis del desarrollo infantil y los agentes esenciales para su formación; en este caso, la comunidad educativa y familiar. Se puede notar que, desde esas épocas, era importante la capacitación y formación a padres y docentes, para ayudar al desarrollo integral de los menores, con especial cuidado en los menores de seis años.

“Todas las reformas de los expertos citados anteriormente provocaron polémicas y discusiones” (León, 1998); pero son la base de un movimiento que hasta la fecha continúa y que tiene como fin primordial buscar el método óptimo de educar a la niñez en beneficio de su desarrollo integral.

El desarrollo del párvulo se basa en el proceso más que en contenidos; es decir, posee características propias, no es un patrón o receta por seguir. El ambiente y la experiencia son puntos claves en el desarrollo del individuo; su influencia de acuerdo con los intereses y necesidades de éstos, hacen descubrir cuáles son los cambios característicos con respecto a la edad, conducta, metas, pensamientos, razonamientos y sentimientos de los infantes en diferentes periodos de su vida.

Según Hurlock (1990), “los estudios del desarrollo, tienen como fin averiguar cuándo se producen esos cambios y determinar en qué condiciones, descubrir cómo influyen en la conducta infantil, determinar si se pueden o no predecir y descubrir si son individuales o características de todos los niños”.

Los factores que influyen en la formación de un ser humano existen desde la concepción, por lo que el estudio del desarrollo es considerado muy amplio.
Cada contacto corporal, cada movimiento y cada emoción se convierten en una actividad eléctrica y química que propicia el avance del impulso genético modificando imperceptiblemente la configuración del cerebro. En lo que atañe al desarrollo de las conexiones cerebrales, las relaciones humanas encierran la misma importancia que los alimentos que ingiere el niño, los sonidos que escucha y la luz que le permite ver (Unicef, 2001, p.14).

Desde el momento de la concepción, se debe procurar proporcionar al embrión experiencias significativas que favorezcan su desarrollo. Recordemos que en el mismo intervienen factores internos (herencia) y externos (ambiente) que influyen en la formación del individuo. Se ha comprobado que el cerebro produce la mayor parte del desarrollo de sus células y las conexiones cerebrales, durante los primeros dos años de vida. Este proceso, va acompañado de la estimulación que brinde al menor en crecimiento, sin dejar de lado su herencia genética. Cuanta más estimulación se le brinde al cerebro, mayores capacidades tendrá el individuo de construir su proceso de conocimiento en relación con su desarrollo integral.

Son varias las teorías psicológicas, que se refieren al desarrollo y que han sido vinculadas, comparadas y analizadas con dicho proceso; las cuales se desglosan a continuación y nos pueden brindar un mayor entendimiento de los aspectos relevantes, en relación a la formación infantil desde una perspectiva científica.

El estudio del desarrollo humano, se ha basado en innumerables teorías, todas ellas válidas, de acuerdo con la concepción que se posee. Lo que se puede destacar es que el mismo se fundamenta principalmente en los cambios que se dan a lo largo del tiempo en el individuo, los cuales dependen de múltiples procesos y factores; así como, de la visión que se tenga del desarrollo integral.

Patrones de desarrollo, desde el momento de la concepción

Todo lo que sucede antes y después del nacimiento es esencial para el desarrollo del ser humano. Para León (1998), “el desarrollo humano como concepto considera todos los procesos y cambios que se dan en el individuo a partir de su concepción y hasta la muerte y que progresivamente van formando lo que es el ser humano en sus diversas etapas”. De esta forma intervienen los aspectos biológicos (herencia) y sociales (ambiente) que favorecen o entorpecen la formación integral del individuo y su inclusión en la cultura.

    El desarrollo es una serie de cambios que avanzan con el individuo mismo, de forma coherente a sus intereses y necesidades, donde el aspecto primordial es el enriquecimiento de sus potencialidades.

    Es importante destacar que los primeros seis años de vida, constituyen la formación elemental del ser humano, se caracteriza por el crecimiento físico, emocional, mental y social de manera integral. “El desarrollo de la inteligencia, la personalidad y el comportamiento social en los seres humanos ocurre más rápidamente durante los primeros años” (Fundación Bernard Van Leer, 1994). 

La implementación de programas integrales es un factor que favorece el desarrollo del individuo, en el cual se pueden implementar todos los aspectos esenciales en el crecimiento del ser humano. Según Mehrotra, citado por Gómez (1998), los programas integrales dirigidos a la primera infancia (cero a seis años) previenen la desnutrición, mejoran el desempeño de los estudiantes, posibilitan la integración del individuo a un grupo social y favorecen el desarrollo de toda una comunidad. Por otro lado, en una concepción integral, desde el punto de vista emocional, “los primeros seis años de vida, el sujeto construye las bases de su autoestima, desarrolla confianza, seguridad, autonomía e iniciativa, en su relación con otras personas y con la cultura a la que pertenece” (Hendrick, 1992).

La concepción de desarrollo tiene su instancia en la vida misma; es por ello que el estudio de una serie de patrones, respaldan teorías que exponen que este inicia desde los primeros instantes de vida; de tal forma se da auge a las estructuras físicas y mentales de cada individuo de manera única e irrepetible. Existen una serie de factores que influyen directa e indirectamente en el sujeto desde que es un embrión, aspectos biológicos de maduración y crecimiento, características y condiciones sociales, culturales y familiares, que favorecen la construcción y formación del individuo.

Según la psicología humanista, a lo largo de la historia, se ha puesto en entredicho dónde es que empieza el desarrollo del ser humano. Numerosos estudios han destacado, se da desde el primer instante de vida.

“La vida se inicia en el momento de la concepción, el instante en que la célula reproductora masculina el espermatozoide, fertiliza a la célula reproductora femenina, el óvulo” (Hurlock, 1990, p.53). Desde este momento el ser humano comienza a desarrollarse; a lo largo de nueve meses, aproximadamente, el embrión permanece en el útero de su madre, a través de ella se alimenta y recibe oxígeno para su supervivencia, de este modo comienza su adaptación con el medio y el perfeccionamiento de sus potencialidades, las cuales van a tener gran influencia durante de toda su existencia. Es por ello que la estimulación y el buen seguimiento del período prenatal es de suma importancia para todo individuo, dado que es en ese momento cuando se dan los cimientos para el desarrollo de su vida, la cual ya ha comenzado.

Desde el momento cuando un espermatozoide fecunda un óvulo, los factores externos (ambiente) e internos (herencia) envuelven al individuo que se está formando en su totalidad; estas condiciones van a jugar un papel determinante en su desarrollo. Hurlock (1990) dice al respecto: “Son cuatro los factores importantes para el ser humano en el momento de la concepción: la dotación hereditaria, la cual se establece cuando el espermatozoide fertiliza al óvulo, la determinación del sexo, ya sea masculino o femenino, el cual se genera en el momento en que se concibe; la cantidad de descendientes, que ocurre en las primeras etapas de la división celular, inmediatamente después de la fertilización y por último la posición ordinal en la familia, que tiene gran influencia a lo largo de su desarrollo, ya sea primogénito, génito o posterior en la familia”.

Todas las condiciones positivas o negativas que viva el feto dentro del útero de su madre van a ser decisivas para la formación integral de su desarrollo. “El ambiente en que vive el niño antes del nacimiento, en el útero de su madre, determina si el feto seguirá el calendario natural” (Hurlock, 1990, p.65). Cualquier agente externo, de índole emocional o clínico, que se trasmita a través de la madre, puede trastornar el ambiente del feto. Si se genera un período muy crítico en el embarazo, puede afectar desde este momento todo su proceso de desarrollo, aún después del nacimiento, por lo que hay que tener muy claro la importancia de un embarazo física y mentalmente sano.

En 1990 Hurlock, reconoce ciertas condiciones que pueden afectar el desarrollo prenatal, y por ende el desarrollo del individuo; entre ellas se citan las más importantes:

La nutrición de la madre: debe ser una dieta balanceada en proteínas, grasas y carbohidratos, para mantener la salud tanto de ella como la del feto.
Las deficiencias de vitaminas: dan probabilidades especiales de obstaculizar el patrón normal de desarrollo prenatal.
La salud de la madre: los trastornos endocrinos, enfermedades infecciosas, enfermedades prolongadas o debilitantes, demasiado bajo o alto peso son condiciones que se cree que producen efectos negativos en el feto.
Factor RH: La incompatibilidad entre los grupos sanguíneos del padre y la madre provocan daños a las células del feto.
Los medicamentos, rayos x, alcohol, tabaco y drogas dañan negativamente tanto a la madre como al feto.
La edad de los progenitores es un factor que puede afectar severamente el sano desarrollo del futuro bebé.
Las emociones negativas de la madre provocan ansiedad en el feto, que afectan tanto el desarrollo prenatal como el postnatal.

Existe un sinnúmero de situaciones que influyen en el desarrollo de la niñez antes y después del nacimiento; es decir, el párvulo sufre inconscientemente trastornos de índole física y emocional durante toda su vida, provenientes de los estímulos recibidos.

La posición económica, la salud, la vida intrafamiliar, los intereses y aspiraciones tanto de padres como demás familiares, afectan considerablemente el desarrollo del individuo. Es por ello que la planificación y la buena disposición son aspectos fundamentales a la hora de querer concebir, para prevenir muchas circunstancias que podrían afectar la vida de un ser humano.

El crecimiento intrauterino y el momento del alumbramiento, ligados a los estímulos que recibe del medio, poseen gran relevancia en el desarrollo posterior del menor.

Cuando la madre ha pasado por todo el proceso de gestación, la naturaleza de la mujer indica cuál es el momento para que el niño o niña nazca. Este es un proceso complejo que varía de una madre a otra, y trae consigo una importante situación: “el nacimiento de un nuevo ser”, y todo lo que significa ser parte de la vida humana. “Desde el punto de vista del niño el nacimiento es posiblemente el proceso más importante por el que pasa durante la primera infancia” (León, 2001, p.51).

Muchos especialistas han llamado a este momento, el “trauma del nacimiento”, porque que el pequeño debe pasar por una serie de cambios en un periodo muy corto. Acostumbrado a obtener todo por medio de la madre, tiene tan solo un instante para adaptarse al medio, aprender a respirar en una atmósfera muy diferente a la que estaba acostumbrado. Todos sus alimentos los recibía por el cordón umbilical, que es un estrecho vínculo entre él y su madre; después de nacer, tiene que ingerir los alimentos por sí mismo, además, debe ajustar su cuerpo a las nuevas temperaturas, unas veces más bajas que otras. En fin, el menor es expulsado a un nuevo mundo, donde debe luchar por su supervivencia; todo esto es parte del proceso de desarrollo de los individuos.

Cuando el menor nace, forma parte de una cultura y una sociedad, su primer vínculo afectivo el cual le brinda todos los requerimientos básicos para su subsistencia, es la familia, la cual ya posee un contexto que la caracteriza y el pequeño pertenecerá a ella.

La madre juega un papel de primer orden en la adaptación del nuevo ser a la vida. Es a partir del ambiente que se le brinde al menor, que podrá ir construyendo su desarrollo integral. Es importante recalcar que durante la primera infancia el párvulo construye su autonomía y su identidad personal. “La vida es el bien más valioso. Uno se hace cargo de sí mismo con palabras de otro, que liberan el sentido y la fuerza del deseo” (Francois Dolto, 1985). El infante es dueño de su vida, pero siempre va a necesitar el respaldo de otro. La familia es una entidad clave en el desarrollo de la niñez, brinda las pautas para seguir, abre un camino hacia la sociedad, nutre su futuro.

Cerdas (2001) enfatiza que “el desarrollo humano es un todo, un proceso integral, continuo e interrelacionado, que transcurre de manera ordenada y predecible, caracterizado por múltiples cambios internos y externos en determinados momentos de la vida”; es decir, el infante desde su nacimiento pasa por una serie de etapas que diferencian una edad de otra. Estas se han dividido por edades, a razón de un mejor estudio.

El desarrollo es un proceso integrado que relaciona aspectos físicos, emocionales, sociales e intelectuales a lo largo de la vida de un individuo, de acuerdo con su madurez y edad cronológica.

La familia como promotora del desarrollo integral
Hurlock (1990) afirma que “varios estudios psicológicos se han centrado en los efectos de la familia sobre el desarrollo de los niños”. Las experiencias familiares repercuten en gran medida en las actitudes y conductas de los infantes; la formación, el afecto y la seguridad que la familia brinde al infante darán como resultado la personalidad del pequeño y tendrá gran peso a lo largo de toda su vida. 

El ser humano para llegar a ser dueño de su vida debe pasar primero por un vínculo que le garantice su subsistencia dentro de un grupo social, que le preste palabras, imágenes, deseos, temores, le brinde la oportunidad de tocar, mirar, descubrir, crear, explorar, por sí mismo; todo esto encierra las posibilidades de desarrollo que puede brindar la familia.

Actualmente, un sinnúmero de hogares inestables están afectando la integridad y estabilidad de muchos pequeños. “El clima emocional de esos hogares es siempre extremadamente nocivo para el desarrollo del hijo” (Adrados, 1973, p. 45). 

Es por ello, que la formación a padres y madres de familia es indispensable para el desarrollo integral de los niños y las niñas. Esto se debe a que los miembros de la familia constituyen el ambiente primordial de los párvulos; es decir, son las personas más importantes en la formación de los primeros años de vida del individuo.

Para Hurlock (1990), “la familia es la principal instancia en el desarrollo del infante, dado que proporciona sentimientos de seguridad, por el hecho de formar parte de un contexto sociocultural” son personas en las cuales los infantes pueden depositar toda su confianza; además que satisfacen sus necesidades físicas y psicológicas, proporcionan una serie de patrones que hacen que el pequeño se sienta parte de una sociedad, ofrecen al menor ayuda y orientación para el desarrollo de sus potencialidades, así como la aceptación de sus capacidades y limitaciones. La estimulación que la familia le brinde al párvulo va a favorecer el éxito o el fracaso que éste pueda tener.

    El vínculo que se establece entre los menores y los miembros de la familia depende del tipo de relación que exista entre ellos, lo que contribuirá o no en el desarrollo del pequeño.

    Las relaciones entre padres, hijos e hijas, dependen en gran medida de los progenitores. “Las actitudes de los padres influyen en el modo en que tratan a sus hijos y esto, a su vez, afecta las actitudes de los pequeños hacia ellos y el modo en que se comportan” (Hurlock, 1990, p.530). Si la forma de ser de los padres con sus hijos e hijas es óptima y oportuna, la convivencia entre ellos también lo será.

    Hurlock (1990) rescata en su libro que “existen diversas causas que influyen en las actitudes de los padres, recordemos que ellas son producto de lo que han recibido del medio y que han interiorizado”. Entre las causas más comunes se encuentran las siguientes:

El concepto del “niño ideal”: se establece antes del nacimiento, los padres construyen todo un patrón de cómo quieren que sean sus hijos e hijas. Cuando el pequeño nazca y no responda a estas expectativas, los progenitores se sienten decepcionados y se fomenta una actitud de rechazo, la cual va afectar el desarrollo de la nueva vida.

Experiencias tempranas con otros niños, las cuales matizan las actitudes de los padres hacia sus hijos e hijas. 

 Los valores culturales en la crianza de los párvulos afectan en gran medida, ya sea de modo autoritario, placentero o indulgente. El sentirse seguros en su papel de padres, va a ayudar al desarrollo de la personalidad del niño o la niña y a la construcción de su autonomía. La disposición de admitir ser padres y dejar de centrarse en el yo, es uno de los aspectos más relevantes en las actitudes de los progenitores hacia sus niños, así como el hecho de tener un hijo o hija para mantener el matrimonio unido. 

Las buenas relaciones entre los padres y sus hijos e hijas hacen que estos últimos puedan desarrollarse plenamente, sean felices, seres críticos y analíticos, capaces de resolver sus conflictos, poseen amplia seguridad, son amistosos, sociables e independientes. “La mayoría de quienes obtienen el éxito al crecer, proceden de hogares en los que las actitudes de los padres hacia ellos eran favorables y donde existía una relación agradable entre ellos y sus progenitores” (Hurlock, 1990, p.531).

Según los especialistas, los niños y niñas que han crecido en ambientes negativos están propensos al fracaso, son temerosos, ansiosos de afecto, incapaces de confiar en alguien, temen resolver los problemas por sí mismos, dado que nunca se les dijo si lo que hacían estaba bien o mal. Las actitudes desfavorables de los padres también van a afectar el modo de relación del menor con los otros; además, que surgen en los menores resentimientos y hostilidad.

El ideal de familia debería centrarse en ser integral, integrada e integradora. Integral: debe ser constituida como un todo; integrada: todos sus miembros deben ser activos en la formación y constitución de la familia como tal e integradora: debe velar para que sus miembros se mantengan unidos, guardando especial cuidado por los intereses y necesidades de todos por igual. Pero la realidad es completamente otra; existe un sinnúmero de familias desintegradas, ya sea por muerte o separación. El hecho es que el desarrollo menor no se debe ver truncado porque falte algún miembro de la familia. Todo depende de cómo esté consolidada la familia y de la claridad de información que brinden los medios de una sociedad, a la cual le interese el bienestar de sus habitantes. No importa quienes o cuántos sean los miembros de una familia, si sus cimientos están bien conformados y optimicen el desenvolvimiento de sus potencialidades como institución, puede contribuir perfectamente al desarrollo del párvulo. Todo se resume, en la buena disposición por parte de los miembros familiares, la formación que se pueda brindar a las familias y el apoyo que estas puedan otorgar a los infantes para contribuir a fortalecer el crecimiento del individuo y este logre desarrollarse de manera personal y social. 

La Educación Preescolar: motor del desarrollo integral de los niños y las niñas menores de seis años 

La Educación Preescolar es el primer nivel del sistema educativo costarricense, destinado a la atención pedagógica de los menores de seis años.

Tiene su fundamento jurídico en la Constitución Política (1949), en el artículo 77, que señala “La Educación Pública será organizada como un proceso integral correlacionado en sus diversos ciclos, desde la preescolar hasta la universitaria”, y en el artículo 78 modificado por la Ley 7676, del 4 de agosto de 1997, que la declara obligatoria, gratuita y costeada por el Estado (Cerdas 2001).

Cerdas (2001) respalda el anterior decreto con el marco jurídico vigente en el que se ampara, el cual está conformado también por la Ley Fundamental de Educación (1957), artículo 12, donde se establecen los fines de la Educación Preescolar:

Proteger la salud del niño y estimular su crecimiento físico-armónico.
Fomentar la formación de buenos hábitos.
Estimular y guiar las experiencias infantiles.
Cultivar el sentido estético.
Desarrollar actitudes de compañerismo y educación.
Facilitar la expresión del mundo interior infantil.
Estimular el desarrollo de la capacidad de observación.

Tales fines son respaldados por una concepción integral acerca de la formación de la niñez, referentes al desarrollo físico, motor, lingüístico, emocional, social y cognitivo, propiciando además autonomía, iniciativa y creatividad; así como, la formación de valores, el desarrollo de potencialidades y la construcción de experiencias significativas.

La importancia de la educación preescolar subyace en propiciar un proceso de educación cuyo fin primordial es el desarrollo integral de los niños y niñas de cero a seis años, en cuanto a sus intereses, necesidades, características, potencialidades y talentos. Así como la formación de todas sus áreas de desarrollo.

La Educación Preescolar es un ciclo de suma importancia en el sistema educativo, el cual no debe limitarse a cuidar niños y niñas, tampoco a la academización de las actividades, ni a brindar una visión escolarizada como nivel preparatorio al primer año de la Educación General Básica. Al contrario, es el nivel que impulsa una educación de calidad, oportuna y pertinente, mediante el currículo, el cual brinda igualdad de oportunidades, establece una estrecha relación de la labor formativa del entorno familiar y comunitario del párvulo. “Es en la Educación Preescolar que debe nacer el impulso que mueva el resto de la educación nacional” (Palabras de Mauro Fernández, 1885, citado por Cerdas, 2000).

El currículo en educación preescolar, trabaja bajo una perspectiva humanista, que favorece el desarrollo integral de la niñez. Por efectos de planificación está dividido en dos programas de estudio, el del ciclo de Transición y el del ciclo Materno Infantil. Ambos programas están basados en los fines de la Educación Preescolar. Actualmente el ciclo Materno Infantil, por ser la investigación más reciente, ofrece un servicio educativo de calidad, con un fuerte componente pedagógico, para niños y niñas con edades comprendidas desde el nacimiento hasta su ingreso al ciclo de Transición.

El programa de estudios para el ciclo Materno Infantil se considera integral e integrado, culturalmente pertinente, interactivo y constructivista, abierto, dinámico, significativo y flexible, donde los protagonistas son los infantes, la docente, la familia y la comunidad.

Según Cerdas (2001), “El Programa de Estudio para el ciclo Materno Infantil es un currículo que se define como un proceso investigativo, que comprende al individuo (formación integral) a su contexto (formación integrada) y la relación entre ambos (formación integradora)”. Esto contribuye a favorecer los procesos de construcción de conocimientos en la formación de la persona y el mejoramiento de su calidad de vida.

Por tales motivos la Educación Preescolar es el ente clave en el desarrollo humano como un proceso biológico, psicosocial, cognoscitivo y cultural, tanto en el aspecto personal como en el campo social. Es una concepción integral relacionada con la formación de la niñez; enriquece las experiencias infantiles, propicia el desarrollo del lenguaje, el sentido estético, la capacidad de observación; así como, el desarrollo físico y motor.

Desarrollo infantil por medio del juego

“El juego se puede definir ampliamente como el conjunto de actividades en las que el organismo toma parte sin otra razón que el placer de la actividad en sí” (Kamii, 1997, p. 21).

El juego forma parte esencial en la construcción de experiencias significativas que fortalecen el desarrollo humano; es el medio por el cual se promueven un sinfín de actividades que satisfacen las potencialidades del individuo; además brinda una serie de oportunidades, donde el párvulo aprende a interactuar de acuerdo con sus intereses, y disfrutando de la actividad; se hace parte de un contexto social, aprende a desarrollarse junto a él, a expresar emociones, sentimientos y pensamientos; practica habilidades y destrezas, asume roles y responsabilidades; así como, la resolución de problemas, aprende a experimentar, a crear, a descubrir, a inventar, a investigar, a utilizar su inteligencia y sacarle provecho a lo que le ofrece el medio; es decir, a dar significado a su vida. 

“Jugar da crecimiento integral al individuo” (Arce, 2004); piensa y se desarrolla por medio de una actividad que disfruta, se da una inclusión real de lo social, emocional e intelectual, que enriquece la vida de todo ser humano. Es sinónimo de salud, de sentirse bien consigo mismo y los demás; es manifestación de sentimientos, alegrías y tristezas; es un lenguaje, un medio de expresión y comunicación, que despierta siempre el interés de niños y adultos; por lo tanto, es un motor de desarrollo, propulsor de aprendizaje y crecimiento personal y social, forma espontánea y natural de obtener conocimientos, mediante experiencias significativas.

El juego promueve un ambiente de amor, de implementación de valores, de riqueza intelectual y satisfacción personal. Los párvulos cuando juegan desarrollan el asombro y la curiosidad, aspectos indispensables para despertar en ellos el interés por lo que los rodea. El juego es un proceso de paz, de cooperación y solidaridad, de comunicación y trabajo en equipo; es fuente de imaginación y fantasía –tan perdidos en nuestra sociedad–; promueve la resolución de problemas, desarrolla emociones, conocimientos y pensamientos, favorece el desarrollo motriz, el pequeño construye su autonomía e identidad, se vuelve innovador y creativo, se adapta a su entorno sociocultural y enriquece las formas de representación, expresión y comunicación.

Cabe destacar las palabras del padre de la Educación Preescolar, Federico Froebel, citado por Arce (2004):

El juego es el medio más adecuado para introducir a los niños en el mundo de la cultura, sociedad, creatividad y el servicio de los demás, sin olvidar el aprecio y el cultivo de la naturaleza en un ambiente de amor y libertad (Programa de Mejoramiento de la Calidad de la Educación Preescolar y General Básica).

Para Hurlock (1990), “los juegos de los niños consisten en cuatro modalidades básicas que les sirve para conocer el mundo: imitación, exploración, pruebas y construcción”. Estas contribuciones favorecen el desarrollo de la niñez, en diferentes aspectos, entre ellos el desarrollo físico, dado que el juego activo es esencial para que los párvulos desarrollen sus músculos y ejerciten todas las partes de su cuerpo, además liberan energía acumulada, con lo que se previenen los nervios y la irritabilidad en los menores. Por otro lado, el jugar con otros exige que los niños y las niñas aprendan a comunicarse; además, satisfacen deseos y necesidades que con otras ocupaciones no se consigue.

El juego ofrece oportunidades para aprender, por lo que es fuente de aprendizaje. Mediante la experimentación de los juegos, los menores descubren que el crear algo nuevo y distinto puede ser satisfactorio; el recrearse estimula la creatividad. Además, el infante aprende a reconocer sus capacidades y las compara con las de sus compañeros, lo que permite desarrollar conceptos más definidos y realistas de sí mismos. Al compartir con otros niños y niñas, los pequeños aprenden a establecer relaciones sociales, a satisfacer y resolver problemas que pueden causar dichos nexos.  

Aunque los párvulos conocen las normas morales en el hogar y la escuela, no hay ningún modo tan correcto e íntegro para aprenderlas, como lo es por medio del juego. Un aspecto importante por destacar es que a través de los juegos, el menor aprende a ser cooperativo, generoso, sincero y agradable con los otros miembros del grupo social.

Chance afirma que “el juego es un proceso que radica en la esencia del comportamiento humano” (Johnston/Johnston, 1988, p. 197). Recrearse proporciona el camino hacia el aprendizaje dentro de una sociedad, es un elemento fundamental en la vida del ser humano, es un medio seguro en la construcción de conocimientos y en la adaptación a un contexto social. El esparcimiento debe ser una herramienta clave en el proceso de enseñanza y aprendizaje de la niñez.

“El juego parece ser incontenible. Se desarrolla como el habla y la vida social, como un regalo, a partir del encuentro de alguna estructura cerebral no especificada con la más mínima provocación ambiental” (Schaefer y O’ Connor, 1988, p. 175). Ciertamente, el juego es un regalo, arte de la vida misma y constructor del desarrollo humano. 

RECOMENDACIONES

La familia debe ser el ente encargado de velar por el desarrollo integral de los párvulos, de acuerdo con sus necesidades, intereses y potencialidades.

Es importante establecer un estrecho vínculo entre institución-docente y padres de familia, para velar por el desarrollo integral de los niños y las niñas a su cargo; rescatar valores, fortalecer la educación y brindar formación, para con ello enriquecer su crecimiento.

Los módulos, talleres, asesoramientos o procesos creativos enfocados a la familia, deben brindar soporte a sus necesidades, dirigirse en sus intereses y responder a sus características como entidad social.

Las docentes deben ser facilitadoras y mediadoras en el proceso; brindar formación y asesoramiento a los padres y madres de familia, para fortalecer diversos vínculos y enriquecer valores morales; así como ayudar a combatir la problemática social que viven hoy en día las familias de la comunidad.

Es necesario trabajar en diversos programas que favorezcan el desarrollo integral de los niños y las niñas, mediante la participación activa de la familia y la comunidad educativa. Un ejemplo es el Programa Ventanas al Mundo Infantil, implementado por el Ministerio de Educación Pública y PROMECE (Programa de Mejoramiento Cualitativo de la Educación).

Se recomienda desarrollar procesos basados en el interaprendizaje, dado que fortalecen la vivencia personal y colectiva, permiten la interacción de los participantes, así como la comunicación y construcción de conocimientos a partir del intercambio de experiencias.

Es recomendable a la hora de impartir módulos, planificar de acuerdo con las necesidades que presente la población con la cual se va a trabajar, implementar una metodología apropiada y no olvidar detalles como horarios, materiales, contenidos u objetivos enfocados en lo que se desea fortalecer, para que el proceso sea un éxito.

Al trabajar con miembros de una comunidad es de suma importancia establecer un vínculo afectivo entre la coordinadora y los participantes, esto fortalecerá el proceso y brindará la oportunidad de obtener mejores resultados, gracias a la confianza y seguridad transmitidas.

El sistema educativo debe tomar conciencia de la relevancia que tienen los primeros años de vida en el desarrollo integral del ser humano y lo que puede fortalecer al individuo en sus acciones futuras; así encontrar un balance entre él y todo lo que le rodea. Su importancia radica en los cambios positivos en los que se puede ver envuelta nuestra sociedad.

Es recomendable que las universidades centren más sus intereses en las necesidades y características de la población para la cual van a trabajar las futuras educadoras que están formando; esto incluye niños, niñas, padres de familia o encargados y comunidad.

Las docentes de Educación Preescolar deben motivar a partir de sus conocimientos a la familia y a la comunidad, para fortalecer y fomentar el desarrollo integral de los párvulos, mediante actividades que despierten su interés y brinden experiencias significativas.

Los maestros y maestras deben tener claro que su carrera docente debe ser respaldada por su compromiso con la comunidad estudiantil, dado que cuando se tiene disposición para trabajar, ayudar a solventar los problemas que envuelve a la población tratada, iniciativa para acoger las necesidades e intereses de los participantes del proceso y habilidad para fortalecer vínculos, se puede estar ayudando a aminorar la resistencia que muchas veces ponen tanto los padres como los niños y niñas para su formación.

Es importante que el Ministerio de Educación Pública brinde la oportunidad de crear nuevas propuestas que surjan de las necesidades que su personal docente conoce y trabaja diariamente; integrando de esta forma, a todo el sistema educativo para que emanen mejores oportunidades de crecimiento y formación en la comunidad educativa.

A nivel social, Costa Rica sufre un desgaste familiar; el fortalecimiento de la familia desde la comunidad educativa ayudará a combatir la problemática y de alguna forma podría despertarse el interés de las entidades gubernamentales para que promuevan el desarrollo de valores morales y familiares, tan perdidos hoy en día en la sociedad costarricense.

Para combatir la problemática social que atraviesan hoy en día las familias costarricenses, brindar procesos de formación y programas interactivos, puede ayudar a fortalecer aspectos que se encuentran débiles en ellas. Pero el gobierno, la sociedad, la comunidad, la escuela, las docentes y las mismas familias, deben trabajar en conjunto y centrados en las necesidades que obstruyen la formación y el desarrollo integral de los niños y las niñas menores de seis años.

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