Colegio de Licenciados y Profesores en

Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

La evolución psicogenética de los niños y su aprendizaje en lectoescritura

Contacte al Autor: Patricia Álvarez Briceño

Se conoce como psicogenética a la disciplina que estudia el desarrollo de las funciones de la mente, la cual nota la existencia de elementos que permiten su evolución hacia estadíos superiores.

Piaget, el padre de la teoría psicogenética (1992), afirma que el conocimiento no es absorbido pasivamente del ambiente y tampoco es procesado en la mente del niño, ni brota cuando él madura, sino que es constituido por el niño a partir de la interacción de sus estructuras mentales con el medioambiente en forma concreta. Es decir, el conocimiento se construye, según Piaget (1992), de manera activa a partir de la acción que el sujeto realiza sobre el objeto de conocimiento; entendiéndose como una acción física y también mental, según sea la estructura cognitiva del conjunto que entre en juego.

Para Piaget (1997) el desarrollo intelectual es un proceso de reestructuración del conocimiento: el proceso comienza con una estructura o una forma de pensar propia de un nivel; algún cambio externo o cambios en la forma ordinaria de pensar crea conflictos cognitivos y desequilibrio, la persona compensa esta confusión y resuelve el conflicto mediante sus propias actividades intelectuales. De todo esto resulta una nueva forma de pensar y de estructurar las cosas: una nueva comprensión; y por tanto, la vuelta al estado de equilibrio.

Según Piaget, el desarrollo cognitivo depende de la maduración biológica del sujeto, de su experiencia física y social, así como de un proceso de equilibración permanente entre el sujeto y su realidad, con este proceso como un factor fundamental en el desarrollo intelectual. Esto exige la puesta en marcha de la organización y la adaptación que, a su vez, posibilitan los procesos de aprendizaje en el ser humano.

El proceso de lectoescritura

El aprendizaje de la lectoescritura es un proceso complejo, que requiere de cierta madurez en el niño. A su vez, el concepto de madurez se refiere a la posibilidad de tener un nivel de desarrollo físico, psíquico y social, que permita enfrentar la nueva situación y sus exigencias.

La aptitud para la lectoescritura depende de factores internos como la madurez de las funciones intelectuales, que a su vez dependen de la madurez biológica, en la que intervienen, también, la condición socioeconómica y emocional: lo que hace suponer que otros factores llamados externos (interacción con el medio entre otros) pudieran estar interviniendo en los resultados vistos al influir en los internos.

Al iniciar el nivel de primer grado, los niños y niñas que no estén listos en sus funciones básicas para el aprendizaje de lectoescritura, posiblemente mostrarán desmotivación, frustración, baja autoestima, fracasos, repitencia y deserción escolar más adelante.

Es importante identificar tempranamente a los niños con dificultades madurativas para iniciar el proceso de aprendizaje de lectoescritura y ofrecer un entrenamiento en las áreas débiles para potenciar así sus capacidades.

Desde el punto de vista de Piaget (Psicología del niño, 1974), el dominio que los niños logran de sus habilidades cognoscitivas depende de la maduración psicológica y de su adaptación al ambiente físico y social. Según el autor, esto se ve afectado por el entrenamiento y va asociado con la conclusión de una etapa o estadio de forma satisfactoria o no para pasar a la otra y estar preparado o no para elevar el nivel de sus estructuras mentales.

De esta forma se puede pensar que el buen desempeño del progreso académico está relacionado con el desarrollo madurativo de acuerdo con la etapa, si estamos hablando de un niño o niña que lleva un proceso educativo etapa por etapa de forma articulada y satisfactoria entre ellas.

Conforme el niño crece y madura, crecen las habilidades lingüísticas en comunicación oral y escrita para entender y hacerse entender.

Es común la inclusión de los niños en el primer grado con edades entre seis y siete años. Generalmente, se hace sin ningún tipo de prueba que marque un criterio que demuestre el nivel de la etapa evolutiva y el nivel de madurez como se encuentra el niño, y, a la vez, que tenga en cuenta que el proceso de lectoescritura debe basarse en principios psicogenéticos que requieren la madurez neurológica del sujeto, para que pueda iniciar el proceso efectivamente. Aunado a esto, debe considerar las experiencias previas del niño y los factores motivacionales del entorno que también desempeñan un papel de suma importancia en ese sentido.

Desde el punto de vista del constructivismo, se entiende que en el desarrollo del niño existe una relación entre varios factores que lo conducirán a pensar y actuar de una forma de menos a más, en un óptimo estado de desarrollo de cada una de las etapas por la que debe pasar. La conclusión defectuosa de alguna de estas etapas o estadios de su desarrollo social, afectivo e intelectual, no le permitirá empezar de forma adecuada la próxima, por lo tanto sus potencialidades se verán limitadas (Abarca, 2000, p. 38).

Para los docentes, un diagnóstico de fallas en el educando, permitirá diseñar estrategias niveladoras para esos alumnos. Para las instituciones educativas permitiría adecuar las normas de selección de ingreso y clasificación de los alumnos en secciones de acuerdo con el nivel de apresto que tienen.

Con la aplicación de pruebas sencillas, rápidas y económicas, en el mediano o largo plazo, disminuiría la repitencia y la deserción escolar.

Dottrens (1968), afirma que la enseñanza, antes de que haya una madurez fisiológica y mental adecuada, va a exponer a los niños a dificultades y fracasos que los pueden llevar a no continuar con la enseñanza regular.

De igual manera, López de Lérida (1972), en sus investigaciones sobre trastornos del aprendizaje y fobia escolar en Chile, afirma que en el niño inmaduro, el progreso es lento, experimenta fuertes sensaciones de inseguridad y, probablemente, presente en algún momento conductas que eviten el estar frente al estudio.

En muchos trabajos de investigación sobre este aspecto se han encontrado que los factores principales involucrados en la madurez escolar son la edad, el sexo, el estado nutricional, el estado de salud, el factor intelectual y la estimulación ambiental.

La edad, cuando los niños están maduros para iniciar el aprendizaje escolar, es un factor de controversia, y esa idea de edad de ingreso ha venido variando a lo largo del tiempo y de las políticas educativas. No existe una edad estándar ni un estado de madurez general que garantice el éxito académico del estudiante, sino que hay niveles de desarrollo de funciones psicológicas básicas para esta iniciación.

Para Johnson y Mykelebust hay cierto tipo de habilidades y rendimientos que dependen de la edad cronológica y del grado escolar, pero haciendo una unión entre la madurez y el aprestamiento recibido, el ambiente sociocultural, y la motivación (1968, pág 79).

La mayoría de los sistemas escolares, exige la edad cronológica como requisito de ingreso para el primer grado de primaria; sin embargo, Filho en Argentina (1960), dijo que juzgar la capacidad para aprender solamente por la edad cronológica, era desconocer los fundamentos del propio desarrollo.

En Costa Rica debido a la disminución de nacimientos, según el Departamento de Estadística del Ministerio de Educación (MEP), ha disminuido la matrícula de Preescolar y primer grado.

El Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica detalló que en 1990 la tasa de natalidad era de 3,2 hijos por mujer, mientras que en el año 2007, apenas fue de 1,9. Es a partir de 1991 que empezó a bajar la tasa de natalidad.

Debido a esta baja en la matrícula, el Consejo Superior de Educación aprobó disminuir tres meses la edad de ingreso a Preescolar y a primer grado para el curso lectivo del 2008; así el MEP aseguraba la matrícula.

Para ingresar a Maternal, la edad mínima es de cuatro años y tres meses; para Transición es de cinco años y tres meses y para primer grado es de seis años y tres meses (tres meses menos que antes), según el MEP.

Durante la década del sesenta, la teoría lingüística de Chomsky (1968) produce un cambio significativo en la concepción del lenguaje, al centrar el análisis en la sintaxis y no en los aspectos fónicos, y al mostrar la existencia de gramáticas infantiles que ponen en evidencia la construcción de reglas lingüísticas que trascienda la imitación de modelos externos. Establece también una distinción entre lo que el sujeto utiliza para la construcción del lenguaje. Este enfoque coincide con los resultados de las investigaciones realizadas por la psicología genética (desde 1915), mediante las cuales Piaget y sus colaboradores, demostraron los diversos campos del conocimiento, que resulta de un proceso constructivo por parte del sujeto, por medio de la interacción con el objeto a conocer.

A partir de los años setenta la teoría constructiva se aplica al análisis del acto de la lectura, en los estudios psicolingüísticos realizados por autores como Goodman (1982, p. 72) y otros, quienes coinciden en que el acto de lectura es un proceso de búsqueda de significado; es decir, describir un mensaje mediante el reconocimiento de claves en la información visual que permiten confirmar o rechazar las anticipaciones sobre el significado.

Como parte de los aportes de la psicolingüística y la psicogénetica, se destacan los estudios de E. Ferreiro y A. Teodorosky (1983), sobre la psicogénesis del sistema de escritura. Sus investigaciones dieron pie a un diseño de propuestas pedagógicas en el ámbito de la lengua escrita, que sustentadas en los aportes de la psicología y la psicolingüística reflejan la dimensión didáctica en este campo con base en psicogenética.

La lectoescritura

La lectura y la escritura son habilidades importantes en la comunicación integral del niño, así como en su desarrollo cognitivo y su personalidad. Leer significa interpretar los símbolos percibidos visualmente y escribir es utilizar esos símbolos para comunicarse.

Madurez para la lectoescritura

El aprendizaje es un proceso evolutivo básico de cambios en el individuo y proviene de la experiencia o la práctica.

Durante los primeros años, el niño adquiere progresiva y secuencialmente una gran cantidad de información de habilidades básicas que le sirven de punto de partida para conocimientos y destrezas más complejas.

Gracias a los estudios del psicólogo suizo Jean Piaget se ha conocido sobre el proceso de aprendizaje del niño. Él dividió el pensamiento y el comportamiento del niño en estadios que representan cambios cualitativos, cuya secuencia no cambia, ni se omite paso alguno; cada uno de los estadios completa el precedente y, a su vez, es el precedente del siguiente.

El aprendizaje de la lectoescritura requiere de la conjunción de múltiples habilidades como la discriminación visual y auditiva, la relación con un significado, la combinación y, por último, escribirlo y pronunciarlo.

En general el término madurez para el aprendizaje se entiende como el momento cuando el niño aprende con facilidad y sin tensión emocional.

Para Downing y Thackray (1974) es el momento del desarrollo cuando, ya sea por obra de la maduración o de un aprendizaje previo o de ambos, cada niño individualmente puede aprender a leer con facilidad y provecho.

En estas definiciones participan tanto la maduración y el desarrollo psicológico como el aprendizaje previo, lo cual permitirá adquirir nuevos logros y aprendizajes.

Ausubel (1974) define la madurez como la adaptación adecuada de las capacidades existentes del individuo (genéticas, medio ambiente, experiencias y aprendizajes) a las exigencias de una tarea de aprendizaje bien definida.

Remplein (1976) hace suyo el concepto de Hetzer al referir que la madurez escolar es la capacidad que tiene el niño de apropiarse de los valores culturales tradicionales, mediante un trabajo sistemático y metódico, junto con otros niños de su misma edad.

Existe el planteamiento de Condemarín (1991) y colaboradores, quienes afirman que la madurez del niño en el momento de su ingreso a la educación básica se ha concebido como la posibilidad de poseer un nivel de desarrollo físico, psíquico y social, que le permita enfrentar esta nueva situación y sus exigencias. Esta madurez se logra gracias a la interacción de factores internos y externos, cuyo dinamismo le asegura al niño una madurez orgánica en la medida que le sean proporcionadas las condiciones externas indispensables (nutrición, afectos y ambiente) para ir desarrollando las internas (estructuras mentales).

Concepto de madurez en el marco de la psicogenética

La maduración se entiende a veces como maduración biológica, y la referencia a la biología pareciera eximirla de otras áreas. Sin embargo, no basta decir que algo es biológico para que se convierta en algo preciso. Es necesario saber exactamente qué es lo que maduraría biológicamente hablando para hacer fácil e inmediato el aprendizaje de la lengua escrita (Ferreiro, 1982).

Más complicado es cuando se nos dice que la madurez para la lectura se define como el momento del desarrollo en que, ya sea por obra de la maduración o de un aprendizaje previo, o de ambos, cada niño, individualmente, puede aprender a leer con facilidad y provecho (Downing, 1974, p. 8). Es más complicado por dos razones: primero, porque la madurez puede provenir tanto de un proceso interno (madurativo) como de la influencia social (un aprendizaje previo), o de ambos, lo cual priva de toda especificidad al término; segundo, porque la madurez en cuestión se considera un estado individual, en el cual, las condiciones de contorno y, muy particularmente, las condiciones de aprendizaje escolar no desempeñan ningún papel.

La madurez tiene que ver con el grado de interacción que ha tenido el niño con su medio ambiente (factor emocional, social, cognitivo y desarrollo del cerebro en relación con la edad) y los factores psicológicos importantes en el aprendizaje de la escritura, como son las diferentes habilidades, coordinaciones, niveles de maduración y estadios de sus procesos mentales como hemos venido analizando. Si se tienen en cuenta estos factores, las características propias del desarrollo del niño y los procesos mentales, fácilmente podremos identificar una madurez intelectual, una madurez de trabajo y una madurez social que darán éxito al trabajo diario del niño en su primer grado de escolaridad.

Según la teoría de Piaget (1984), el niño desde los dos hasta los siete años de edad se encuentra en el periodo del pensamiento preoperacional o de representación que consta de dos fases: la fase preoperacional y la fase instintiva. A los seis años se encuentran entonces en la fase instintiva, que se caracteriza porque el niño es capaz de pensar las cosas mediante el establecimiento de clases y relaciones, y del uso de números, pero todo ello de forma intuitiva, sin tener conciencia del procedimiento empleado.

Piaget señala que el paso del primer periodo al segundo se fundamenta en la imitación en una forma individualizada y de esta manera produce la tan escuchada imagen mental, en la que tiene un importantísimo papel el lenguaje. Por esto, tratar la enseñanza y el aprendizaje de la lengua escrita a partir de un enfoque psicogenético pone énfasis en la propia construcción del conocimiento. Pretende comprobar que la experiencia previa del individuo en relación con la lengua escrita juega un papel fundamental en la construcción de este aprendizaje; conocer la etapas del desarrollo de la lengua oral y escrita por las que atraviesan los niños para saber cuándo y cómo se debe ayudar en el proceso; orientar y vigilar el desarrollo del proceso de la lectoescritura en el niño dentro de un contexto significativo; facilitar el intercambio entre iguales para construir su propio conocimiento; valorar diversos tipos de texto como base para este aprendizaje mediante su análisis y valorar el error en su sentido constructivo.

¿Cómo se mide la madurez escolar?

Se han diseñado númerosos métodos para evaluar cuando un niño está maduro. Algunos de estos métodos son la observación directa del niño, entrevistas y cuestionarios a los padres, los tests estandarizados, las listas de cotejo y las pruebas de habilidades. La observación, las listas de cotejo y las pruebas de habilidades pueden realizarse durante todo el aprestamiento escolar; son métodos buenos pero demandan un proceso largo.

Las pruebas y tests específicos sirven para explorar psicofunciones básicas para el aprendizaje de la lectoescritura. Algunas pruebas informales utilizadas en este campo son las siguientes:

El test de ABC de madurez escolar, creado por Laurenco Filho en 1960, permite obtener un índice pronóstico respecto a la actuación de un niño que ingresa al primer grado de la escuela primaria. Este es un test de ejecución donde el niño debe hacer cierto trabajo de manipulación, de administración individual y de eficiencia; estudia aspectos cognitivos como la inteligencia, aptitudes y conocimiento que son producto de las capacidades innatas y de la influencia del medio.

Consta de ocho actividades: reproducción o copia de figuras, memoria visual inmediata, memoria motora, memoria auditiva inmediata, memoria y secuencia lógica o evocación de un relato, pronunciación, coordinación motriz por recortado y atención y fatigabilidad por punteado. Se usa para predecir con qué facilidad el niño adquirirá ciertos conocimientos.

Para su creador el test no tenía relación con las escalas de inteligencia y abarca solo elementos psicológicos que intervienen en el aprendizaje de la lectoescritura como la coordinación visual motora, la resistencia a la inversión de la copia de una figura, la memorización visual motora, la coordinación auditivomotora, la capacidad de pronunciación, la resistencia a la obsesión de repetir palabras, la memorización auditiva, el índice de fatigabilidad, el índice de atención dirigida, el vocabulario y la comprensión general. Sin embargo, en la actualidad se sabe que el rendimiento del niño en este mismo test está influenciado por los mismos factores ya mencionados que afectan la madurez.

El test figura humana de Vane, tiene como finalidad evaluar el nivel maduracional de los niños. Consiste en que el niño dibuje de la mejor forma que pueda una persona de acuerdo con su preferencia. Para ello se le entrega una hoja y un lápiz. Para calificar el test se deben de corroborar los puntos de cada ítem con el dibujo realizado por el niño, según esté presente o no. Después de obtener el puntaje total se busca la edad maduracional que corresponde a este puntaje por medio de la tabla de equivalencias de puntaje a edad maduracional.

El test Slossom, consta de una serie de formas geométricas que deben ser copiadas con lápiz en papel. Las formas están arregladas en orden de dificultad progresiva. Este test toma en cuenta que la conducta visual motora es una unión de otras conductas, que incluye percepción visual y coordinación motora. 

Pruebas operatorias de Piaget: en ellas interesa conocer tanto lo que el niño hace como el por qué lo hace. De esta forma es más fácil determinar el nivel de desarrollo alcanzado. Durante la exploración se le van facilitando al niño las indicaciones. Cuando se equivoca se le induce a razonar la respuesta, con el fin de observar en qué medida es capaz de corregir. Los problemas planteados requieren no solo que el niño haya adquirido los esquemas, sino que sea capaz de generalizarlos en situaciones nuevas; cuando el niño no puede efectuar esta generalización se considera que el esquema operatorio no está consolidado. El examen permite establecer una línea base del nivel en que se encuentran los niños en las diferentes operaciones intelectuales, y que puede ser diferente para cada una de ellas.

Las pruebas son de clasificación, conservación de la materia y seriación. Con ellas se van demostrando las diferentes formas de pensamiento por las que el niño va pasando y comprueba si está listo para el próximo nivel; en este caso, el de operaciones concretas.

Factores relacionados con la madurez
Algunos autores han elaborado listas de habilidades y capacidades que influyen en la madurez; algunas hacen énfasis en factores emocionales, otros en los sociales, etc., pero en todas se identifican los siguientes factores comunes:

Factores fisiológicos: incluye la maduración, el crecimiento físico y el buen funcionamiento orgánico.
Factores cognoscitivos: se consideran las capacidades y destrezas generales y específicas.
Factores lingüísticos: incluye el uso y conocimiento del lenguaje como sistema de comunicación y medio de representación.
Factores ambientales: incluye las experiencias en el medio social (hogar, grupo social, escuela, contexto socioeconómico y cultural).
Factores emocionales y motivacionales: comprende la madurez y estabilidad emocional, así como el deseo de aprender y utilizar lo aprendido.
Factores pedagógicos: pretende hallar los aspectos que promueven o dificultan la innovación de los procesos de lectura y escritura.

Edad
La edad es definida por Condemarín (1991) como el lapso en que suceden acontecimientos que modificarán o mantendrán las conductas del niño.

La edad en que los niños están maduros para iniciar el aprendizaje escolar es un factor de controversia. No existe una edad estándar que garantice el éxito en el dominio de la situación escolar, sino de niveles de desarrollo de funciones psicológicas básicas susceptibles de ser perfeccionadas.

Hay cierto tipo de habilidades y rendimientos que dependen de la edad cronológica y del grado escolar, sobre todo del uso del lenguaje escrito y la matemática, y aunque existe relación entre edad mental y madurez, aceptar que está llegaría con la sola introducción de la variable de tiempo y la posición categórica de que determinada edad mental constituya el punto de partida para iniciar determinado aprendizaje, puede conducir a subestimar la importancia del aprestamiento, el ambiente socio cultural, sistema escolar y la motivación.

Condiciones del aprendizaje
Maduración del aprendiz: se trata del conjunto de capacidades, características y habilidades del individuo que ha alcanzado su desarrollo óptimo para permitirle intentar o abordar algún aprendizaje.
La estimulación del ambiente del aprendiz: es el conjunto de circunstancias materiales, personas y oportunidades que propician que el sujeto tenga acceso o pueda abordar el aprendizaje.
Motivación del aprendiz: es el conjunto de capacidades, disposiciones, habilidades e intereses que impulsan al sujeto a intentar o abordar algunos aprendizajes en lugar de otros.

Desde el punto de vista del constructivismo
Los niños y las niñas al estar inmersos en un contexto social donde la lectura y la escritura forman parte de su entorno, experimentan encuentros significativos con el lenguaje que les permiten construir la lectura y la escritura desde temprana edad. Esa construcción la realizan de la misma forma en que construyen otros conocimientos; mediante la interacción con los objetos y otras personas. Es así como los niños y las niñas llevan a cabo la construcción de la lectura y escritura de una manera natural, producto de la interacción con los signos de la lengua escrita. Los encuentros que los niños y las niñas tienen desde temprana edad con el lenguaje se deben a la cotidianidad, cuando ellos experimentan encuentros significativos mediante la atención que les brindan las personas que los rodean.

Asumir al niño y a la niña como protagonistas de la construcción de los procesos de lectura y escritura –tal y como lo propone el constructivismo– lleva a la creación de ambientes de aprendizaje en los que se tomen en cuenta tanto los aportes de Piaget como los de Vigotsky. Por lo tanto, la acción pedagógica debe concebirse como la creación de situaciones de aprendizaje que constituyan encuentros significativos de los niños y las niñas con el lenguaje en ese espacio llamado aula.

Desde el punto de vista de psicogenético Emilia Ferreiro señala la importancia de dos factores: cómo se presenta en el contexto escolar el objeto de conocimiento y por medio de cuál práctica es introducido el niño a la lengua escrita. Esto determina el posicionamiento del niño frente al conocimiento: así hay prácticas que lo llevan a pensar que el conocimiento lo obtiene del otro y nunca es partícipe en la construcción del mismo o lo llevan a pensar que lo que hay que conocer es algo cerrado que no se puede modificar; otras llevan al niño a que quede fuera del conocimiento, como espectador pasivo, receptor mecánico, sin encontrar respuestas a sus inquietudes (Ferreiro, 1983, p.22).

Conclusión
    La enseñanza antes de que haya madurez fisiológica y mental adecuada expone a los niños a dificultades y fracasos, ya que el niño inmaduro experimenta fuertes sensaciones de inseguridad y es lento en su progreso.

Existe la necesidad e importancia de aplicar pruebas psicopedagógicas a los niños que van a ingresar al primer grado, y no basarse únicamente en la edad, pues eso es insuficiente. Las pruebas reflejan la madurez de cada niño/a en diversas áreas de su desarrollo y su empleo debería ser obligatorio.

Indudablemente que la madurez por ser de origen multifactorial requiere del concurso de todos con la intención de colaborar en mejorar la situación de aprendizaje de lectoescritura.

Abarca, Sonia (2000). Psicología del niño en edad escolar. San José: EUNED.

Arrellano-Osuna, Adelina (1992). El lenguaje integral: una alternativa para la educación. Mérida, Venezuela: Editorial venezolana C.A. 133 p.

Ausubel, D. (1976). Psicología Educativa. México: Trillas.

Coll, César (1991). Concepción constructivista y planteamiento curricular. En 
Condemarín, Mabel, Chadwick Mariana. Madurez Escolar. Editorial Andrés Bello, Santiago Chile, 1991.

Dottrens, R y col. Didáctica para la escuela primaria. UNESCO.

Ferreiro, Emilia (2001). Alfabetización. Teoría y Práctica. 4ª ed., México: Siglo XXI.

Ferreiro, Emilia (1983). Psico-génesis de la escritura. En Psicología genética y aprendizajes escolares. César Coll (comp.). Madrid: Siglo XXI de España Editores. S.A., pp 79- 89.

Flores Ochoa, Rafael (1999). Evaluación pedagógica y cognición. McGraw Hill.

Goodman, Kenneth (1989). Lenguaje Integral. Mérida-Venezuela: Editorial Venezolana C.A. 115 p.

López de Lérida, M. (1998). Manual de pruebas de funciones básicas. Chile: Editorial Baldoc.

López de Lérida, M. (1972). Fobia a la escuela., Investigación sobre psicopedagogía y psicopatología infantil.

Méndez, Zayra (1979). Psicología del niño y aprendizaje. p. 21.

Ministerio de Educación Pública (1990). Política curricular. San José: MEP, p. 44.

Piaget, j. (1994). Psicología del niño.

Remplein, H. Art de psicología evolutiva. Unesco.

Wittrock, Merlin (1989). La investigación de la enseñanza, II. Métodos cualitativos y de observación. Madrid: Paidós-MEC., 431 p.

comments powered by Disqus