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Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

Espacios de dictadura

Contacte al Autor: Carlos Fuentes Bolaños

La mirada de arriba hacia abajo
El espacio es, en un primer momento y como punto de partida de este artículo, la estructura física en donde se desarrolla un hecho, como el balcón o la ventana por donde mira el dictador. Es un espacio físico, por lo general separado del pueblo aclamador o del pueblo oprimido: este espacio es una mirada de arriba hacia abajo cuando la hace el gobernante, y de abajo hacia arriba si es el pueblo el que observa, aclama u oye los designios de quien lo gobierna. O bien el espacio-ventana en donde el dictador se refugia en sus momentos de soledad, en su carácter de decisor (quien toma decisiones lo hace en soledad, a pesar de estar acompañado; la decisión finalmente es solo suya). 

Es, en un segundo momento, el espacio en que el dictador se desenvuelve en la parte educativa y en la cultura en general. Es la posición del dictador y sus adláteres respecto de las artes, las ciencias y las letras. Podríamos llamarlo “el espacio de las ideas”.

El tercero es el espacio sideral, la presencia de cometas que presagian acontecimientos. En este caso, la mirada de abajo hacia arriba la hace el dictador en sus sueños por el dominio de los designios cósmicos. Mirar de abajo hacia arriba es poco común en el dictador, excepto cuando se requiere su presencia para calmar los ánimos del pueblo o para darle órdenes a la naturaleza.

El espacio desde el cual un dictador mira a su pueblo es la ventana abierta de su habitación, o bien el balcón. Son espacios simbólicamente reservados para alguien que en su soledad de mandatario supremo trata de mirar lo que, en espacios cerrados, o a ras del piso, no se anima, para evitar la cercanía del pueblo que le ama (en apariencia, no en su fuero interno) o le odia. Le ama bajo el signo del interés, de la opresión o del miedo. Le odia por su condición de omnipotencia y dueño de vidas y haciendas. 

Se magnifica su figura en las alturas, desde la cual puede observar atentamente a su pueblo gobernado. Tirano Banderas “… en la remota ventana, era siempre el garabato de un lechuzo” (Tirano Banderas (TB: 22). Lechuzo como símbolo del sigilo, el que vela desde lo secreto todo lo que le rodea. Esta otra imagen afirma la actitud del observador al acecho sin ser observado; la del lechuzo de hábitos nocturnos, el que fue símbolo de diosas mitológicas, capaz de girar en 270º su cabeza:

Tirano Banderas, sumido en el hueco de la ventana, tenía siempre el prestigio de un pájaro nocharniego: Desde aquella altura fisgaba la campa donde seguían maniobrando algunos pelotones de indios, armados con fusiles antiguos. (TB: 36).
Tirano Banderas, agaritado en la ventana, inmóvil y distante, acrecentaba su prestigio de pájaro sagrado. (TB: 37).

Tirano Banderas, en la ventana, apuntaba su catalejo sobre la Ciudad de Santa Fe:
¡Están de gusto las luminarias! ¡Pero que muy lindas, amigos! (TB: 337).

Tirano Banderas mira desde las alturas. Es una mirada furtiva, de pájaro nocturno, distante. A las alturas posiblemente no llegaban los reclamos por justicia del pueblo al que dominaba. “Es el que lo domina todo con una sola mirada y al que ningún detalle, por ínfimo que sea, escapa jamás…”, dice M. Foucault (1975:250), refiriéndose al personaje napoleónico que se halla en un punto de unión entre el ejercicio monárquico y ritual de la soberanía y el ejercicio jerárquico y permanente de la disciplina, entendida esta última como obediencia a los mandatos gubernamentales.

Pájaro nocharniego, sigiloso, omnisciente, fisgón; atalayando desde su trinchera, desde su espacio reservado para su observación.

En El otoño del patriarca, el dictador se asoma a la ventana y con trasposición de tiempos en el aquí y el ahora, se logra esta metáfora de dos dominios históricos sobre América; en este caso representados por un acorazado norteamericano que fondeaba abandonado en la bahía y las tres carabelas, reminiscencias de la conquista y colonización españolas; espacio histórico de dominación por el cual transitan los pueblos de América Latina:

…de modo que volvió al dormitorio, abrió la ventana del mar por si acaso descubría una luz nueva para entender el embrollo que le habían contado, y vio el acorazado de siempre que los infantes de marina habían abandonado en el muelle, y más allá del acorazado, fondeadas en el mar tenebroso, vio las tres carabelas. (El otoño del patriarca (OP):45-46). 

La reminiscencia del balcón
Ahora es el pueblo el que reclama la presencia del dictador en el balcón. Desde el pueblo oprimido, siempre aparecen en escena algunos aduladores interesados. Los que le aman en apariencia, no así en conciencia. Al dictador también se le llama “Presidente”, precedido por el “Señor”.  “Presidente” se les suele decir tanto a aquellos que llegan por la fuerza al poder como los que pudieran llegar por la elección popular:

Cara de Ángel se abrió campo entre los convidados. (Era bello y malo como Satán).
-¡El pueblo lo reclama en el balcón, Señor Presidente!
-¿…El pueblo?
El  amo puso en estas dos palabras un bacilo de interrogación. El silencio reinaba en torno suyo. Bajo el peso de una gran tristeza, que pronto debeló con rabia para que le llegara a los ojos, se levantó del asiento y se fue al balcón (…) (El Señor Presidente, (SP): 126).
Lo rodeaba un grupo de íntimos cuando apareció ante el pueblo un grupo de mujeres que venían a festejar el feliz aniversario de cuando salvó la vida. La encargada de pronunciar el discurso comenzó apenas vio aparecer al Presidente (SP: 127).

El Presidente contestó algunas palabras, la diestra empuñada sobre el balcón de mármol, de medio lado para no dar el pecho, paseando la cara de hombro a hombro sobre la ocurrencia, entrealforzado el ceño, los ojos a cegarritas. Hombres y mujeres enjugaron más de una lágrima (SP: 128).

En esta ocasión, el Señor Presidente se presenta en el balcón de mármol, pero “de medio lado para no dar el pecho”, que es una forma de proteger su integridad física. La mirada, puede decirse, no es de frente, es de lado (pero siempre de arriba hacia abajo), para cuidar  su integridad física. Es un signo de vulnerabilidad.
El dictador de El otoño del Patriarca hace construir una casa de reposo para antiguos dictadores de otros países del continente. La ordenó construir con balcón al mar. Estos dictadores asilados envejecían “en la penumbra de su misericordia”. No obstante haber perdido todo signo de poder, les queda como reminiscencia el balcón del mar y los haberes extraídos del tesoro público:

…después de recibirlos a todos como si fueran uno solo, pues todos aparecían en la madrugada con el uniforme de aparato que se habían puesto al revés sobre la piyama, con un baúl de dinero saqueado del tesoro público y una maleta con un estuche de condecoraciones. (OP: 20).

Construcción-destrucción de imágenes
En El libro de la risa y el olvido, de Milan Kundera (1982), nos encontramos, al igual que en el texto de Asturias, a los aduladores cerca del tirano. Al Señor Presidente lo rodeaba un grupo de íntimos (generalmente escogidos a criterio exclusivo del dictador para completar su gabinete de marionetas); al líder comunista lo rodean sus camaradas y en especial Clementis. Quienes están bajo sus órdenes asumen comportamientos serviles, precisamente a la vista de la gente que al pie del balcón les aclama. Vuelve el signo de balcón–aclamación; el pueblo abajo y el tirano arriba:

En febrero de 1948, el líder comunista Klement  Gottwald salió al balcón de un palacio barroco de Praga para dirigirse a los cientos de miles de personas que llenaban la Plaza de la Ciudad Vieja. Aquel fue un momento crucial en la historia de Bohemia. Uno de esos instantes decisivos que ocurren una o dos veces por  milenio.

Gotwald estaba rodeado de sus camaradas y justo a su lado estaba Clementis (…). Clementis, siempre tan atento, se quitó su gorro de pieles y se lo colocó en la cabeza a Gotwald.

El departamento de propaganda difundió en cientos de miles de ejemplares la fotografía del balcón desde el que Gottwald, con el gorro en la cabeza y los camaradas a su lado, habla a la nación. En ese balcón comenzó la historia de la Bohemia comunista. Hasta el último niño conocía aquella fotografía que aparecía en los carteles de propaganda, en los manuales escolares y en los museos. (El libro de la risa y el olvido (LR): 9).

Al igual que en Asturias, los “íntimos” son ahora los “camaradas”, revestidos de un aparato de propaganda que tiene por objeto magnificar la figura del tirano. Los íntimos sirven no solo a la cosa pública sirviendo al tirano, sino que sus servicios alcanzan hasta para proteger del frío al gobernante gozoso del triunfo.

Luego de que a Clementis lo acusaran de traición cuatro años después,  la fotografía es arreglada para evitarle perturbaciones al  dictador:

Desde entonces Gottwald está solo en el balcón. En el sitio en el que estaba Clementis aparece solo la pared vacía del palacio. Lo único que quedó de Clementis fue el gorro en la cabeza de Gottwald (LR: 9).

El objeto (gorro) desplaza al sujeto (Clementis). Se destruye la imagen inicial para construir otra a partir de ella: la ausencia del adulador es en sí misma presencia del poder de quien quiso esa ausencia. El balcón sigue de pie en la nueva imagen, el tirano continúa con su gorro y a su lado ahora hay un espacio vacío. El vacío es espacio no ocupado que, por sí mismo, podría comunicarnos que esa ausencia es ausencia deseada, no por quien cedió el espacio, sino por quien tiene el poder de llenar y rellenar espacios, de construir y destruir.

En la ventana del dictador de El otoño del patriarca se entremezclan dos momentos históricos decisivos: la conquista y la intervención norteamericana (que en realidad son hechos de la misma naturaleza). En el balcón desde el cual se dirigió Gotwald a su pueblo, dice su autor, comienza la historia de la Bohemia comunista. Historia que se trató de cambiar en 1968 con el movimiento llamado la Primavera de Praga, pero cuyas ansias de recuperación hacia un régimen de mayor libertad fueron sepultadas en el momento en que Checoslovaquia fue invadida por los tanques del Pacto de Varsovia. En 1992 Checoslovaquia es escindida en dos países: Eslovaquia y la República Checa.

Visto así, el espacio ventana-balcón adquiere un significado: forma de vigilar el dictador sus dominios, forma de hacerse presente ante la multitud, pero protegido sigilosamente para no ser víctima de su propio pueblo: “El Presidente contestó algunas palabras, la diestra empuñada sobre el balcón de mármol, de medio lado para no dar el pecho…” 

El balcón sobre la cabeza de los otros, y al lado del dictador sus íntimos o sus camaradas, nunca solo ante la multitud. Ganarse un espacio en el balcón al lado del dictador exige un grado absoluto de servilismo; soportar frío entregando su gorro al dictador o alterando los tiempos del día para complacencia de alguien “que cambiaba las fiestas de guardar de acuerdo con sus planes para recorrer el país”:

Era difícil admitir que aquel anciano irreparable fuera el único saldo de un hombre cuyo poder había sido tan grande que alguna vez preguntó qué horas son y le habían contestado “Las que usted ordene, mi general” (OP: 92).

Los N.N.
Cara de Ángel es encarcelado y dejado en calabozo, hasta que su acta de defunción se asentó como disentería pútrida, acta firmada como N.N. (no nominado; esto es, no nombrado o sin nombre), pues hasta su identidad fue suplantada. Clementis, personaje eslovaco que vivió de 1902 a 1952, acusado de traición es ejecutado en la horca y su nombre fue sacado de la memoria del pueblo. La fotografía retocada es símbolo de que nunca existió, a pesar de haber ofrendado su gorro para que el dictador se cubriera del frío. Cara de Ángel es símbolo de todo aquel que cae en desgracia ante un dictador: encarcelamiento, tortura, pérdida de identidad civil y todo tipo de violaciones a los derechos fundamentales, entre muchas, que han ocurrido históricamente en el mundo que hemos dado en  llamar “civilizado”. 

Cara de Ángel cae, Clementis cae… sus jefes supremos continúan. Los no nominados vendrán a ocupar sus lugares para llenar el espacio y también los volverán a dejar vacíos. 

El espacio de los letrados
El dictador de El otoño del patriarca, que se ha considerado ser la sumatoria de varios dictadores en un solo personaje (como los dictadores retirados que se reúnen en un balcón con vista al mar), no se destaca precisamente por su educación. Veamos:

…cuando Bendición Alvarado vio a su hijo en uniforme de etiqueta con las medallas de oro y los guantes de raso que siguió usando por el resto de su vida, y no pudo reprimir el impulso de su orgullo materno y exclamó en voz alta ante el cuerpo diplomático en pleno que “si yo hubiera sabido que mi hijo iba a ser presidente de la república lo hubiera mandado a la escuela”, señor, cómo sería la vergüenza que desde entonces la desterraron en la mansión de los suburbios… (OP: 52).

El Supremo Señor, así llamado el dictador, ante sus veteranos servidores hace una exaltación a lo que podríamos llamar una cultura del hacer sin pensar, del obedecer sin meditar:

Casi todos ustedes son veteranos servidores. La mayoría, sin embargo, no ha tenido tiempo de instruirse a fondo sobre estas cuestiones de nuestra Historia, atados a las tareas del servicio. Los he preferido leales funcionarios, que no hombres cultos. Capaces de obrar lo que mando. A mí no me preocupa la clase de capacidad que posee un hombre. Únicamente exijo que sea capaz. Mis hombres más hombres no son más que hombres (Yo el Supremo (YS): 126).

No importa el nivel de instrucción de quien ejerce el poder, lo importante es que lo ejerza bajo órdenes precisas, sin mayor miramiento que cumplirlas como el Supremo las dicta:

Aquí en Paraguay, antes de la Dictadura Perpetua, estábamos llenos de escribientes, de doctores, de hombres cultos, no de cultivadores, agricultores, hombres trabajadores, como debiera ser y ahora lo es. Aquellos cultos idiotas querían fundar el Areópago de las Letras, las Artes y las Ciencias. Les puse el pie encima… (YS: 126).

En Tirano Banderas, esta otra cita:

Inflóse don Celes:
    -El indio dueño de la tierra es una utopía de universitarios.
-Conformes. Por eso le decía que a los científicos hay que darles puestos fuera del país, a donde su talento no sea perjudicial para la República. (TB: 32).

Un paréntesis relacionado con estos breves pasajes tomados de Yo el Supremo y de Tirano Banderas: suele suceder que la historia se repite. Ahora los países buscan una mayor operatividad de los sistemas educativos; con menos de aquellas materias que alejen a las personas de lo que es esencial para la sociedad desarrollada: la productividad y la competencia. Se pasa de una educación humanista a una educación por competencias. De una educación del pensar se vuelve hacia una del hacer, del producir… El equilibrio no es sostenible, al sistema le urge lo operativo, sin mayores miramientos por el pensar que pone en cuestionamiento el status quo. Se destruye el alma de la educación…

Hacer y no pensar son las máximas del Supremo Dictador. Expatriar al talento es la máxima de Tirano Banderas. Al dictador de El otoño del patriarca la gente pensante también le molesta a sus propósitos; para eso instaura actividades que la alejen de la peligrosa actividad del pensar: 

…se anticipó al futuro con la ocurrencia mágica de que la vaina de este país es que a la gente le sobra demasiado tiempo para pensar, y buscando la manera de tenerla ocupada restauró los juegos florales de marzo y los concursos anuales de reinas de belleza, construyó el estadio de pelota más grande del Caribe e impartió a nuestro equipo la consigna de victoria o muerte. (OP: 40)

“Se anticipó al futuro” podría categorizarse como una visión del anciano dictador de las pasadas y actuales circunstancias (el espacio dominio de siempre). Es una posición del narrador ante el estado actual del sistema económico en donde el tener se antepone al hacer en la vida de las personas y en la sociedad en general.

El equipo habría de ganar o morir (“consigna de victoria o muerte”). Tal fue la orden dada por Mussolini durante el campeonato mundial de 1934 al presidente de la federación de futbol italiana. Se le achaca a Mussolini esta frase dirigida al entrenador de la selección: “Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero Dios lo ayude si llega a fracasar”. Pozzo le dijo a sus seleccionados: “No me importa cómo, pero hoy deben ganar o destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal” (X. Pratz, La política y el deporte: un juego de poder). 

El espacio sideral
El espacio del tirano también es el espacio sidéreo, y la espera de un cometa alienta a Tirano Banderas a pensar en el atraso científico de su pueblo, muy al contrario de que los científicos estorban a la República ya comentado:

El Tirano corría por el cielo el campo de su catalejo: Tenía blanca de luna la calavera:
-Cinco fechas para que sea visible el cometa que anuncian los astrónomos europeos. Acontecimiento celeste de que no tendríamos noticia, a no ser por los sabios de fuera. Posiblemente en los espacios sidéreos tampoco saben nada de nuestras revoluciones. Estamos parejos. Sin embargo, nuestro atraso científico es manifiesto. Licenciadito Veguillas, redactará usted un decreto para dotar con buen telescopio a la Escuela Náutica y Astronómica.

El Licenciadito Nacho Veguillas, finchándose en el pando compás de las zancas, sacó el pecho y tendió el brazo en arenga:
-¡Mirar por la cultura, es hacer patria! (TB: 101)

Por supuesto que la pose de Nacho Veguillas es eminentemente servil, sin darle un sustento verdadero a la expresión que acababa de pronunciar (“¡Mirar por la cultura es hacer patria!”). Es una expresión de complacencia, similar a la pose de Clementis el checo, que ofrendó su gorro para que el tirano se cubriera del frío, o la de Cara de Ángel, siempre adulador y “bello y malo como Satán”. 

El cometa también está presente y con mucha fuerza en El otoño del patriarca, aquí como regalo del dictador a Manuela Sánchez:

…hoy te traigo el regalo más grande del universo, un prodigio del cielo que va a pasar esta noche a las once cero seis para que tú lo veas, reina, sólo para que tú lo veas. Y era el cometa. (OP: 82).

La fuerza del cometa en esta novela de García Márquez es que el horario de la vida del dictador estaba sujeto a los ciclos del cometa y no al tiempo humano.  Había sido concebido para verlo una sola vez “…pero no había de verlo la segunda vez a pesar de los augurios arrogantes de sus aduladores” (OP: 83).

La mirada hacia arriba del tirano es hacia el espacio de los cometas. Las miradas que se le dirijan a él van de abajo hacia arriba, como manda el ejercicio del poder. Nunca una mirada horizontal, de tú a tú. Hacia sus súbditos la mirada es de arriba hacia abajo, omnipresente, paternal para pocos y de severidad deshumanizada para muchos. La mirada hacia abajo es a petición de partes, y solo para calmar las pestes. La mirada horizontal es para someter a las fuerzas marinas:

…que fijara la vista en el mar, mi general, para que se devuelvan los huracanes, que la levante hacia el cielo para que se arrepientan los eclipses, que la baje hacia la tierra para espantar a la peste… (OP: 234).

Y entre todas las miradas… la ventana y el balcón desde donde se ejerce el poder.

Asturias, M.A. (1948). El Señor Presidente. Trigésima primera edición (1978), Buenos Aires: Losada.
Foucault, M. (2008). Vigilar y castigar. 2da. Edición, trad. Aurelio Garzón del Camino. (Original en francés, 1975). Argentina: Siglo Veintiuno Editores.
García Márquez, G. (1975). El otoño del patriarca. 3era. edición, Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
Kundera, M. (1982). El libro de la risa y el olvido. Trad. Fernando de 
Valenzuela. (Original en checo, 1978). España: Seix Barral.
Pratz, X. La política y el deporte: un juego de poder, en http://eserplife.com/la-politica-y-el-deporte-un-juego-de-poder-2/, recuperado el 24 de mayo de 2015.
Roa Bastos, A. (1983). Yo el Supremo. Madrid: Ediciones Cátedra.
Valle Inclán, R. (1973). Tirano Banderas. México D.F.: Editora Nacional.

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