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Algunas características del aprendizaje en estudiantes adultos de la educación secundaria

Contacte al Autor: Jeffry Roig Fernández

Introducción:
Incorporar a las personas en los procesos educativos conlleva una serie de estrategias y metodologías que incluye estilos de aprendizaje, adecuaciones y el desarrollo integral del educando. Se deben identificar primero las características propias del tipo de población con la cual se trabaja. En el caso específico de este artículo, el énfasis será la población adulta. 

Por lo tanto, el objetivo será exponer las principales características de la población adulta, así como brindar algunas recomendaciones para mejorar su proceso de enseñanza-aprendizaje. Entre las principales conclusiones esperadas, está el conocimiento por parte del lector de que la población de la educación formal nocturna difiere en gran manera de la población formal diurna. Para ello resulta fundamental una contextualización adecuada.

Para el año 2014, Costa Rica contaba con 55 colegios académicos nocturnos que albergaban a más de 36 400 estudiantes, según datos facilitados por la oficina de estadística del Ministerio de Educación Pública (MEP). Cabe destacar que en Costa Rica existen diferentes modalidades de enseñanza para adultos: las escuelas y colegios nocturnos, los IPEC, los CINDEA, las telesecundarias y los Colegios Virtuales Marco Tulio Salazar, además de la modalidad de bachillerato por madurez y a distancia. Cada una de estas modalidades presenta matices propios, pero con la cualidad común de que atienden a personas con edades superiores a los 15 años.

Los estudiantes que asisten a los colegios nocturnos académicos, en sus diversas modalidades, poseen características muy propias de este tipo de población, imposibles de omitir. Esto para poder favorecer la incorporación de este sector del estudiantado. Por lo anterior, se hace necesario retomar algunos conceptos e ideas que faciliten establecer la diferencia entre este tipo de población y la perteneciente a otros servicios educativos diurnos, para llevar a cabo una mejor contextualización de los objetivos y contenidos. 

Este artículo se centró específicamente en adultos con edades comprendidas entre 18 y 55 años, rango donde se encuentra la mayoría de estudiantes que acuden a dichos centros.

Características del estudiante adulto
Se elaboró una síntesis de algunos aportes extraídos principalmente de Vásquez (2012) y Fernández (2006), debido a que hay una gran cantidad de psicólogos y teóricos que han colaborado en concretar las características y entender mejor la etapa de la adultez.

A nivel general, en la etapa adulta se ha adquirido una forma corporal estable (Vásquez, 2012). Es decir, la persona posee un cuerpo completamente desarrollado a nivel físico. Además, esta autora agrega que el adulto comprende mejor e integra conocimientos teórico-prácticos, posee mayor autocontrol y autonomía, y puede prestar mayor atención al otro. Por otra parte, establece también que en muchos casos el adulto alcanza una relación amorosa, organiza su vida en función de un objetivo y su continuidad.

Particularmente, la etapa denominada inicial, temprana o joven (que va de los 18 a los 35 años aproximadamente) se centra en su propia vida. Esta etapa va ligada a las responsabilidades cívicas, económicas, legales y a libertades que no poseía; como por ejemplo el derecho al voto, adquisición de diferentes bienes (casa, carro, entre otros), posibilidad de obtener los permisos para manejar automóviles, consumir de licor, casarse y tener hijos. Como se observa, en esta etapa se toman decisiones que afectarán el resto de la vida, como son también el trabajo que desempeñará y la carrera que cursará para ingresar a la vida profesional.

La destreza manual es mayor en esta etapa, así como la agudeza sensorial. Los adultos muestran mejor estado de salud y fuerza, por lo cual los casos de incapacidad son pocos. Asimismo, es una etapa en donde la apariencia física adquiere un valor importante, que lleva a las personas actualmente a la práctica de ciertas dietas y la asistencia al gimnasio (Fernández, 2006).

Dentro de datos estadísticos por destacar, se aprecia en un estudio realizado por Reuben (2009) que la mayoría (681 parejas, 34,69%) de costarricenses se casaron a la edad de 20 a 24 años. La mayoría de mujeres tiene su primer hijo entre los 20-24 años, pero se ha ido postergando la edad (Schkolnik, 2007). 

Por otra parte, la mayoría de desempleados en el 2013 fue de personas con edades comprendidas entre 15 y 24 años (Rodríguez, 2013). A nivel de homicidios el comportamiento es similar: 129 personas murieron con edades entre 20 a 29 años, seguidos por 87 casos de personas con edades entre 30 a 39 años. Además, se reportó un total de 82 personas suicidas, cuyas edades se ubicaban entre los 20 y 29 años, seguido por 75 en personas entre los 30 y 39 años.

Aunado a lo anterior, es una etapa donde las muertes en accidentes automovilísticos concentran la mayoría de las estadísticas. Según el Instituto de Estadísticas y Censos de Costa Rica (INEC), para el 2013 se reportaron 68 muertes de personas con edades comprendidas entre 20 y 24 años, seguidas por 64 decesos con edades entre 30 y los 34 años (INEC). 

La violencia doméstica también presenta una alta manifestación en la adultez. El Instituto Nacional de Estadística de España (INE, 2014) destaca que del total de casos reportados por violencia doméstica, durante el 2013, un 49,9% de víctimas tenía entre 25 y 39 años. De forma similar ocurrió en el 2012, en donde la edad media es de 36,2 años.

Por otra parte, a nivel de enfermedades de transmisión sexual (ETS), para Costa Rica se reportó que durante el 2010 los mayores casos de infecciones se presentan en personas con edades comprendidas entre los 20 y 34 años en los diferentes rubros (OPS, 2010).

Vásquez (2012) y Fernández (2006) comentan también que en cuanto aumenta la edad (35-40 años aproximadamente) se presenta una consolidación de papeles profesionales y sociales. Por lo tanto, se aprecia una estabilidad material y social manifestada en varias ocasiones por la capacidad de adquirir más fácilmente algunos bienes de costo elevado, como casa y automóvil. De igual forma hay una mayor concentración de fuerzas para establecerse, por lo que se fortalecen los lazos con la familia, el trabajo y otros compromisos. 

En algunos casos, hay personas adultas que presentan crisis relativas a la experiencia de sus propios límites (se autorreprochan por la falta de pareja o por no haber alcanzado las metas, ocurren muchos problemas matrimoniales, entre otros aspectos generadores de insatisfacción personal). Físicamente, se empieza a dar un deterioro en la capacidad visual y auditiva; los otros sentidos permanecen inalterables.

Al comparar la etapa inicial con etapas tardías de la adultez, se detecta en la persona una menor satisfacción por el trabajo, menor compromiso y deseos de cambiar de empleo (Vásquez, 2012). Dentro de algunos datos estadísticos relacionados con esta etapa, se destaca que la OPS (2010) indica que la mayor cantidad de personas esterilizadas quirúrgicamente se ubica entre los 30-34 años (865,7 casos). Además, se registra un aumento en el consumo de alcohol y fumado; según un estudio efectuado por la Universidad de Costa Rica: 

     “…Se halló que el 30,5% de las personas ha consumido alcohol alguna vez estando solas, situación que se acentúa en consumidores de 25 a 34 años y de 45 a 54 años. Asimismo, un 34% ha consumido alcohol alguna vez “para relajarse”, especialmente personas de 45 a 54 años” (Rodríguez, 2013).

Después de los 40 años, se empieza a dar una muy ligera declinación gradual de funciones físicas como altura, fuerza muscular, capacidad para realizar algunas actividades, y destreza manual. Se inicia una pérdida de los sentidos del olfato y el gusto, así como la sensibilidad al dolor y la temperatura (Kidd, 1973). Además, pueden presentarse declinaciones tanto a nivel mental como en la actividad sexual.

Características del educando adulto
El educando adulto posee un perfil característico que lo diferencia de los niños y jóvenes estudiantes, con respecto a su forma de aprender:

“Su tiempo es precioso, exige que se le ofrezca un material y una tarea útil, inmediatamente provechosa de acuerdo con sus intereses: rechazará las informaciones e ideas que no comprende o que están en contradicción con sus convicciones íntimas. Quiere ser él quien escoja las especialidades e institución en que va a estudiar. Sabe aprovechar los medios modernos de enseñanza. En general realiza sus estudios con dedicación parcial. Con los profesores mantiene una relación basada en la competencia profesional de estos en el respeto que el profesor tiene de la autoimagen del adulto y no consiente que se le trate como alumno –en sentido escolar– sino como a un igual. Predomina el sentimiento de ayuda mutua y no el de competitividad, más propio de los jóvenes” (Vásquez, 2012, p.71).

Estos rasgos hacen ver que la autonomía y la capacidad de “tomar las riendas de la vida” del educando adulto adquieren un gran sentido, afectando su motivación y con ello el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Otras características enunciadas por Vásquez son: el fácil olvido, una menor facilidad para aprender, temor al ridículo, y dificultad para tomar apuntes e interpretar textos e informaciones. Consideran que la educación les es útil para mejorar su estatus y no verse superados o relegados. Algunos creen que el saber se adquiere de una vez y para siempre, actúan de forma individualista, poseen conocimientos inexactos o parciales, manifiestan cansancio por su trabajo, tienen poco tiempo para estudiar y presentan preocupaciones ocasionadas por el trabajo y la familia. Finalmente, se presenta indiferencia hacia cómo aprovechar su tiempo libre, el cual llenan con múltiples tareas (Vásquez, 2012, p.72-73).

Chotguis (2010), consecuente con lo anterior, enumera diferentes características importantes del adulto: necesita saber por qué debe aprender algo para disponerse y comprometerse a aprenderlo, cuenta con un autoconcepto de ser responsable por sus decisiones, posee mayor número de experiencias que un adolescente o niño, es veloz para aprender los conocimientos que le ayuden a resolver las situaciones de la vida real, su orientación se centra en la vida, los problemas y tareas. Finalmente, presenta motivaciones externas (empleo, promoción, mejor salario) y motivaciones internas (mayor satisfacción en el trabajo, autoestima, calidad de vida, entre otras) para seguir creciendo y desarrollándose. A partir de ello, se comprende mejor la pregunta de muchos jóvenes y adultos: “¿esto para qué me sirve en la vida?”, y sus constantes cometarios relativos a experiencias personales o laborales.

Las anteriores características marcan la motivación y con ello el proceso de enseñanza-aprendizaje; asimismo, el quehacer del docente. De lo anterior se pueden desprender algunas consideraciones.

a) El adulto como un todo
El ser humano es un todo y no se puede desligar de su ambiente ni etapas pasadas. La realidad del adulto comprende áreas no contempladas por la mayoría de los estudiantes jóvenes o niños, en las que se incluye el trabajo, la paternidad o maternidad, autonomía e independencia; además de traumas sin resolver y frustraciones propias de la edad. En definitiva, las experiencias previas marcan el aprendizaje del estudiante. 

Estos acontecimientos enriquecen el proceso de enseñanza-aprendizaje por las múltiples experiencias que aportan los adultos desde su perspectiva. Los mismos permiten al estudiante comprender, a partir de su vivencia, algunos conceptos como familia y responsabilidad ciudadana, y asimilar de una mejor manera otros más teóricos, como las características sexuales secundarias del ser humano, geografía e historia de lugares fuera del entorno nacional, entre otros. Aportes que el docente debe saber valorar para alcanzar un conocimiento más significativo y delimitar correctamente para evitar desviar el tema y lo que esto conlleva.

Las responsabilidades y la necesidad de superarse hacen que el adulto quiera aplicar lo aprendido a su vida cotidiana. En la medida que lo logre, su conocimiento será más significativo y le permitirá comprenderlo mejor. Así, el docente se convierte en el guía que lleva al estudiante para que pueda “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir y aprender a ser” (Delors, 1996).

Las limitaciones impuestas
Kidd  llama fuertemente la atención al hecho de que el ser humano afronta dos límites: el real (impuesto por las capacidades y potenciales propias) y el psicológico (cada persona lo fija dependiendo de sus estructuras mentales); este último es el mayor obstáculo. El autor subraya la existencia de muchos mitos e ideas erróneas que afectan el aprendizaje del adulto, como que no se puede modificar la naturaleza humana: “no se pueden enseñar trucos nuevos a un perro viejo” (Kidd, 1973, p.5). Como si el aprendizaje fuera puramente intelectual; seguidamente se probará la falsedad de estas afirmaciones. 

En los colegios académicos nocturnos es común escuchar diferentes explicaciones con respecto al ausentismo y la deserción, relacionadas con la familia y el trabajo. Curiosamente, cuando se les pregunta a inicios del periodo lectivo a los estudiantes sobre las metas que tienen para el año en curso, muchos comentan que desean estudiar para dar un mejor estilo de vida a sus hijos y conseguir un mejor trabajo, lo cual se convierte en una contradicción. 

Esto remite a la capacidad del adulto de tomar decisiones independiente y responsablemente. El adulto, continúa diciendo Kidd (ídem., p. 26), a diferencia de un niño, tiene la libertad de decidir. Además, posee un repertorio bastante amplio, diverso y organizado de experiencias. Estas le permiten inferir si podrá ser responsable o no de la tarea que desea llevar a cabo. El adulto tiene la ventaja de que en la mayoría de las acciones no da cuentas a otros por sus actos.

Se reconoce, como se mencionó previamente, que conforme aumenta la edad se empiezan a perder las capacidades visuales y auditivas. De igual forma disminuye la velocidad de reacción y ejecución de tareas, pero al mismo tiempo va aumentando el desempeño y eficacia en la elaboración de ciertas tareas, para decaer gradualmente. Además, aumenta el vocabulario y empieza un interés por leer temas más específicos. En la actualidad, los avances acaecidos en la calidad de vida para los adultos, sumados a nuevos conocimientos en nutrición, psicología y otras áreas, han permitido que las discapacidades producidas por el deterioro normal del organismo vayan disminuyendo, y ampliándose las capacidades de aprendizaje.

En términos generales y por experiencia del autor de este artículo, se puede mencionar que el estudiantado que asiste a los centros académicos nocturnos presenta estructuras mentales muy diversas, pero en muchos casos hay desmotivación debido a múltiples factores. Dentro de estos, destaca el hecho de que no han completado su educación formal, la falta de una mejor remuneración económica, los trabajos poco atractivos y que los hijos limitan sus capacidades. 

En diversas ocasiones manifiestan que prefieren elaborar los trabajos solos porque no pueden reunirse con los compañeros. Se prefiere colaborar con el trabajo de los hijos en detrimento de sus deberes colegiales. 

Lamentablemente, el uso de drogas es bastante común en algunos centros por considerarlas como relajantes, en un contexto en el cual las múltiples responsabilidades generan estrés. Asimismo, las utilizan como supuestos medios para mejorar la concentración, sin medir las consecuencias derivadas del consumo de tales sustancias. 

Otra limitante autoimpuesta por este grupo es la preferencia por asistir a actividades de recreación (partidos de futbol, bailes, conciertos, entre otros) antes que asistir a clases. No obstante, se ha notado que el ausentismo durante estas actividades disminuye cuando el docente imparte sus lecciones de una manera responsable pero agradable, y se muestra estricto. 

En resumen, sus limitantes se centran en la familia, el trabajo o la falta de tiempo. En muchos casos se manifiesta la falta de organización y conocimiento en el uso de los medios tecnológicos, por lo que no se puede maximizar el tiempo y los recursos. En muchos grupos se ha notado que, por la falta de dinero y por olvido, no se puede trabajar con el material del curso de forma individualizada, por lo cual recae la responsabilidad del trabajo en una sola persona que realiza toda la actividad y los demás simplemente copian. 

b) Entre dos mundos
Los educandos de los colegios académicos nocturnos actuales son migrantes digitales, es decir, están incorporándose en el uso de las TIC. Además, viven en el espacio intergeneracional, donde convergen con nativos digitales (niños y jóvenes) dueños de una nueva visión de mundo. 

En relación con el primer concepto, se puede mencionar que es común ver, en los centros educativos para adultos actuales, la tecnología incorporándose a las aulas y a los docentes utilizándola como herramienta para desarrollar sus lecciones. Muchos adultos apenas empiezan a incursionar lentamente en el uso de la tecnología valiéndose de familiares y compañeros para llevar a cabo el aprendizaje y, en algunos casos, lo hacen por cuenta propia; a diferencia de los niños, que no temen manipular los aparatos electrónicos. Esto ha llevado a que en la población adulta no exista un conocimiento uniforme sobre la tecnología. La actualización en este campo se torna difícil para algunos adultos por los avances tan grandes en corto tiempo, además de la falta de recursos o la disponibilidad para tal fin.

La incorporación de las TIC  y de nuevos avances tecnológicos ha roto muchos esquemas, dentro de los que se citan: la presencia de las redes sociales ha hecho desaparecer las limitaciones espacio-temporales existentes, el internet ha permitido estudiar en casa y enriquecer el aprendizaje, la televisión por cable facilita el conocer otras realidades y crear una mayor apertura en la manera de pensar. Asimismo, gracias a los teléfonos inteligentes se puede tener acceso desde prácticamente cualquier lugar al internet y en cuestión de segundos ver imágenes, verificar información, entre otros.

Continuando con el otro concepto, la intergeneracionalidad, se puede agregar que el autor de este artículo, en su labor docente, ha conocido muchos estudiantes frustrados porque algunos de sus excompañeros de educación formal diurna o sus hijos ya han concluido la universidad, y ellos ni siquiera han alcanzado la mitad de la secundaria. En diversas conversaciones, los estudiantes adultos mencionan que sus hijos de educación primaria están aprendiendo un tema que ellos están conociendo en secundaria, atribuyéndoles a los niños una capacidad mayor de inteligencia que la de sí mismos, hecho que les llama la atención. 

Estas opiniones y la necesidad de superación laboral o personal hacen que los estudiantes apresuren los procesos para concluir de una forma más prematura la secundaria, por lo que ejecutan cambios de diferentes modalidades para obtener en menor tiempo su preciado título. Lastimosamente, en muchos casos este constante cambio conlleva un retraso en el proceso y, con ello, más frustración.

En las aulas de los colegios nocturnos se perciben choques intergeneracionales provocados por comportamientos, actitudes, ideas u opiniones que confrontan lo conservador con lo liberal. Choque producido, según Kidd (1973, p.90), porque el partidario de ideas conservadoras fue educado en un periodo anterior, con un esquema de pensamiento sumamente particular y con actitudes propias. 

c) La horizontalidad y la participación 
La horizontalidad es un concepto sustentado en aportes de Adam, Knowles y Savicec, exponentes de diversas teorías andragógicas (Alcalá, 1997). A diferencia de los niños y adolescentes, en la educación para adultos se da una relación entre iguales, en donde tanto el profesor o facilitador como el participante del proceso (estudiante) se encuentran en igualdad de condiciones al tener ambos experiencia y adultez (Alcalá, 1997, p. 6). Esto permite que el facilitador, junto con el participante, puedan ir construyendo y organizando el aprendizaje, hecho conocido como Teoría Sinérgica, en donde el todo es mayor que la suma de las partes (Alcalá, 1997).

Al respecto, Torres et al. (2000) mencionan:

    “Cuando el adulto descubre que es capaz de manejar su aprendizaje como lo hace con otras actividades, se siente motivado para continuar en el proceso. Es allí donde tiene cabida el principio de horizontalidad, donde el adulto aprende lo que quiere y cuando lo quiere hacer. Se pone en juego el concepto de sí mismo, al ser capaz de autodirigirse y autocontrolarse porque su madurez psicológica y su experiencia están a la par de la madurez y la experiencia del facilitador del proceso de aprendizaje” (p. 26)

Este hecho se ve muy marcado cuando las ideas del facilitador difieren mucho de las ideas del participante, llevando a riñas intelectuales interesantes, que pueden generar un tercer punto de vista que comparta las dos posiciones o ninguna de ellas, enriqueciendo el proceso de enseñanza-aprendizaje y llevándolo a otro nivel que consiste en que el docente es deshojado de su nivel de experto para ser llevado al papel de aprendiz, en donde la participación adquiere otro sentido. 

Torres et al. (2000) mencionan que la participación fomenta la actividad crítica, intervención activa, interacción, flujo y reflujo de la información, y la confrontación de experiencias y diálogo. Además, que “al adulto en situación de aprendizaje debe permitírsele que las experimente y las ponga en práctica cada vez que le sea posible con el fin que se despoje de ese cúmulo de frustraciones, tensiones, fracasos que hasta el momento pueda tener acumulados” (p. 28).

Algunas prácticas pedagógicas útiles
Vásquez (2012, pp. 72-73) y Torres et al. (2000) enumeran algunas actitudes que podrían enriquecer enormemente el quehacer del docente de este tipo de población:

• Al estudiante adulto se le debe permitir demostrar sus conocimientos y experiencias en un ambiente de optimismo y confianza. Así como un momento para que pueda exteriorizar sus problemas y buscar soluciones.
• Preparar bien la lección con ejemplos claros y ejercicios prácticos. Buscar que sean autodidactas, con el fin de lograr crear interés en los educandos, hecho que puede superar distracciones externas (conciertos, partidos, problemas familiares, entre otras).
• Enlazar la teoría con la práctica. En otras palabras, que los ejemplos dados se relacionen con la realidad que experimentan los estudiantes adultos, para permitir un conocimiento más significativo.
• Incentivar la formación de grupos de estudio para que se puedan maximizar el tiempo y los recursos. Para este fin, se pueden emplear medios como redes sociales, correo electrónico, Whatsapp, entre otros.
• Inculcar la iniciativa, la autodidaxia, el juicio crítico, la expresión y el trabajo en equipo e individual; para que el estudiante adulto manipule más a fondo sus habilidades cognitivas.
• Utilizar métodos y argumentos sólidos y convincentes para eliminar conocimientos parciales o erróneos, muchos de los cuales fueron inculcados desde pequeños.
• Implementar dinámicas que mejoren la concentración de los estudiantes y eviten exposiciones largas, haciendo la clase más lúdica. Esto con el fin de evitar el agotamiento producido por el trabajo.
• Procurar que las enseñanzas teóricas se desarrollen durante las lecciones y proponer las asignaciones de tipo práctico para la casa.
• Ofrecer actividades que faciliten al adulto gozar de su tiempo libre según sus intereses, en la medida que aprenden. 
• Fomentar el espíritu crítico, fijar metas y una mentalidad abierta.

Algunas recomendaciones para los docentes
Después de dar una breve caracterización del estudiante adulto, se desprenden algunos retos para los docentes que laboran con este tipo de población:

• Es necesario tener claro que los avances tecnológicos y médicos han producido nuevos cambios en los paradigmas de educación al corregir deterioros físicos, permitiéndole a la persona adulta mejorar sus capacidades para aprender. Por lo tanto, se debe eliminar la idea de que los adultos no aprenden.
• Dado que el adulto tiene múltiples ocupaciones, el facilitador debe tomar espacio para retomar la materia, con el fin de mejorar la consolidación de conocimientos. Requiere, por otra parte, incentivar el estudio autodidacta en los estudiantes.
• Algunas metodologías y estrategias aplicadas en colegios académicos diurnos donde se les imparten lecciones a jóvenes han de adaptarse o no funcionarán en la población adulta, pues carecen de sentido y de motivación. Las técnicas que impliquen diálogo son las más aceptadas.
• La paciencia y tolerancia son fundamentales en el desarrollo de las lecciones, ya que los estudiantes adultos no siempre entenderán con la primera estrategia. En ocasiones solo basta con utilizar un ejemplo relativo al trabajo del estudiante para que tenga una mayor claridad del tema en desarrollo. 
• Por la complejidad de esta etapa, los niveles de desmotivación y estrés se harán patentes. Por lo tanto, el docente necesita buscar espacios durante las lecciones para motivar al estudiante, para así hacer que mejore su autoestima y autopercepción.
• El uso de material impreso facilita sobremanera la labor del docente y hace que los estudiantes puedan retomar lo visto en clase sin tener que solicitar apuntes a los compañeros, los cuales muchas veces no los comparten por temor a que se extravíen. Se recuerda que el estudiante adulto, por sus múltiples ocupaciones, podría ausentarse mucho.
• Incentivar al estudiante para que esté descansado, sin presiones, que busque ambientes propicios (buena iluminación, material sin reflejos) para el estudio. Son algunas recomendaciones importantes para un mejor aprendizaje y que pueden minimizar problemas de agudeza visual y auditiva.
• Utilizar metáforas, analogías, simulaciones, estudios de casos, entre otros, facilita que las experiencias pasadas sirvan como instrumento para enriquecer las lecciones.
• Debido a que muchos estudiantes prefieren actividades recreativas que estudiar, es necesario que el docente ayude al estudiante adulto a clarificar sus metas. Además, es esencial para el docente crear una atmósfera de respeto hacia sus lecciones para que el estudiante no las sustituya por un partido, un concierto u otra actividad.
• Aumentar la lectura en temas relativos a la educación en adultos, que mejoren la perspectiva sobre el aprendizaje en esta población.
• Tener humildad para reconocer su papel como facilitador, cediendo en diferentes ocasiones el liderazgo para poder producir cambios, crear empatía y aceptación.
• El docente requiere estimular las habilidades de sus educandos; por ejemplo, que sean ellos quienes impongan las reglas, pero que estas no vayan en detrimento del proceso de enseñanza-aprendizaje.
• Resulta vital que el docente tenga claro que está trabajando con personas facultadas para tomar decisiones fuertes, que tienen derecho a votar y pueden mover una comunidad. Tienen muy claros sus derechos y responsabilidades.
• Principalmente, el docente necesita amar lo que hace y llegar con una actitud positiva, porque los educandos esperan mucho del facilitador.
Finalmente, agradezco a Mayra Jiménez y Jinny Cascante por los comentarios aportados.

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